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Análisis
Agrotóxicos en el territorio
En Colombia, para 2003 ya 1.370 plaguicidas contaban con licencias comerciales. De estos al menos 123 se consideraban de alto riesgo para la salud humana, elaborados a partir de 400 ingredientes activos, de los cuales 77 eran ya prohibidos o restringidos en otros países.
John Elvis Vera / Domingo 29 de julio de 2018
 
Foto: El Heraldo

Cada día se advierte con más vehemencia cómo las actividades de la agricultura convencional vienen contaminando suelos y aguas de los territorios. Se obtienen productos comestibles con ayuda de agroquímicos que atentan contra la vida, tanto de los ecosistemas, como la salud de los seres humanos.

No sobra recordar que estos agrotóxicos fueron productos de la Primera Guerra Mundial, creados para la muerte de pueblos enemigos. Se asegura que más de 500 mil toneladas de plaguicidas prohibidos y obsoletos están arrumados en los llamados países en desarrollo, los cuales representan una verdadera amenaza para la salud de millones de habitantes de estos, diseminados por el mundo y para el cada día más deteriorado ambiente.

En la historia colombiana no podemos olvidar la muerte masiva de al menos 61 niños y cuatro adultos, más otros 165 intoxicados atendidos en el hospital de Chiquinquirá. Tragedia acontecida en noviembre 26 de 1967.

Envenenados al consumir pan hecho con harina contaminada por el insecticida Folidol. Este fue prohibido por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) dos décadas después, al ser considerado por la Organización Mundial de la Salud como un químico “sumamente peligroso”.

El 2 de enero de 1970, en Puerto López se presentó otra intoxicación masiva, cuyo registro fue de siete personas muertas y 190 intoxicados. Se conoció que se había contaminado el río Negro con “plaguicidas organoclorados”, al parecer con paration o metil paration, en la fumigación de cultivos de arroz, con la consecuencia de la muerte de peces y su consumo por parte de los habitantes.

En el año de 1977, en la ciudad de Pasto ocurrió una tercera intoxicación masiva con plaguicidas en Colombia. Con al menos 300 afectados, 120 hospitalizados y 15 muertos.

Para 2007, desde la Secretaría de Salud del Putumayo se informó de la intoxicación de 18 campesinos como consecuencia de la fumigación con glifosato de cultivos ilícitos en Orito. Para noviembre de 2009 se aseguraba de un nuevo caso con 276 personas intoxicadas con glifosato en el mismo municipio.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en estudios de años atrás, viene evidenciando sobre efectos dañinos producto de la utilización de los llamados plaguicidas y fitosanitarios. Cada día es mayor la diversificación de dichos productos, para cada uno de los renglones y momentos de la actividad agrícola y pecuaria.

Resalta consecuencias graves por dicha contaminación en cuencas hidrográficas: muerte de organismos, lesiones, cánceres, tumores, perturbaciones hormonales, infertilidad, supresión del sistema inmunitario, daños en el ADN, deformidades físicas, efectos intergeneracionales, etc. A su vez afirma que “los efectos producidos en los organismos y en el medio ambiente constituyen una advertencia de las posibles repercusiones en la salud humana”.

En Colombia, mientras para 1974 eran registrados 770 plaguicidas, para 2003 ya 1.370 contaban con licencias comerciales. De estos al menos 123 se consideraban de alto riesgo para la salud humana, elaborados a partir de 400 ingredientes activos, de los cuales 77 eran ya prohibidos o restringidos en otros países.

Hoy en día se estima una demanda en el país de 1,5 millones de toneladas métricas de agroquímicos. Con más de 70 empresas compitiendo en el mercado nacional, lideradas por Monómeros Colombo Venezolanos y su filial Ecofértil, Yara Colombia, Dow AgroSciences, Bayer, Du Pont, Nufarm, Chrysal Syngenta, Químicos Oma, Anasac, Cosmoagro, Industrias Emu, Avgust, DVA, Agromil, entre otras.

El uso de agrotóxicos en el Quindío

El Quindío no es ajeno al uso de gran cantidad de plaguicidas para diferentes aplicaciones en la agricultura convencional. Ante la gran oferta de los mismos y la poca vigilancia de las instituciones respectivas, se esparcen por los campos y ríos toda clase de venenos en busca de abundantes cosechas en 47 cultivos diversos, registrados por la química Ángela Rivera.

De esta información podemos resaltar que, en Colombia, son al menos diez instancias o entes administrativos por los cuales pasa la autorización para la aplicación de los agroquímicos.

Que en el departamento se hallan 58 expendios de agrotóxicos autorizados. Por igual informa que se utilizan 17 agroquímicos en el cultivo del café, 18 para aguacate, 14 para plátano, 17 para cítricos, 20 para banano, 24 para maíz, 34 para tomate y 46 en otros cultivos.

Señala que no se encuentra coordinación entre el ICA y las secretarías de Salud municipales en cuanto a la información de los agroquímicos utilizados en el área de cada uno de los municipios.

Poco uso y falta de equipo para la protección del personal que realiza las labores de fumigación. El aseo personal apropiado no se lleva a cabo. Sus prácticas cotidianas en sitios de preparado y fumigación acarrea a los trabajadores riesgos de contaminación con los agroquímicos.

No se respetan las franjas de protección para el patrimonio hídrico establecidas en la legislación colombiana. Paralelo a esto se menciona que el sector rural no cuenta con servicio de agua potable.

Alerta sobre la contaminación de quebradas y ríos, al realizar limpieza y lavado de recipientes, herramientas y maquinaria utilizada en fumigaciones.

No se ha cuantificado aún la presencia de plaguicidas en los alimentos producidos, distribuidos y comercializados en el departamento. Ni su incidencia sobre la salud de sus habitantes.

Es muy probable la contaminación del aire por desconocimiento de normas para la aplicación de plaguicidas, al no evitar su arrastre por corrientes del viento.

No existe información confiable que determine la cantidad exacta de los agroquímicos utilizados en la agricultura y labores pecuarias en el Quindío.

Seguimos insistiendo en que la manera de contrarrestar el envenenamiento de nuestros territorios por las labores agrícolas y pecuarias es la agroecología. Necesitamos de prácticas agrícolas y pecuarias sanas y sustentables.

La Crónica del Quindío