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Opinión
América Latina, un trance político por concluir
Julián Granda / Martes 25 de septiembre de 2018
 
Foto: Sebastián Camargo

La situación política de América Latina está actualmente dotada de una inmensa riqueza política y social pendiente por caracterizar. En este preciso momento está siendo muy difícil llevar el análisis a conclusiones del tipo: nuestras sociedades se encuentran en fase de consolidación de la restauración conservadora, de la pasividad de la movilización y la discusión política radical. Analistas tan importantes como el argentino Claudio Katz o el mexicano Massimo Modonessi han insistido en la fase política actual del continente en esta vía. Sin embargo, una radiografía rápida permite encontrar que estamos en un momento más bien de bifurcación e indefinición. Momento que podría bien conducir hacía un periodo de contracción y disminución de la eficacia del movimiento social y político subalterno de la región, que ha sacudido en muchos países, con una brutalidad merecida al neoliberalismo en los últimos 20 años; pero también estamos pasando por un tiempo que podría conducir hacía un periodo nuevo, con las lecciones aprendidas del pasado, en términos de la democracia, la identidad, el acceso a derechos, la participación política y la gestión de la economía; podríamos entonces estar ad portas de un periodo de reformas radicales y de la profundización del ciclo progresista inconcluso.

En México, las recientes declaraciones del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de atenuar las medidas gubernamentales emanadas de Enrique Peña Nieto en cuanto al crecimiento desmedido de la burocracia, los lujos presidenciales acrecentados en su mandato, la inversión en obras de infraestructuras privilegiadas por necesidades individuales más que técnicas y el crecimiento presupuestario desmedido de los funcionarios del Estado, en un país con índices de pobreza altos, dan cuenta de un giro en la política de una de las naciones más importantes para la región, desde el punto de vista económico, social y cultural.

Algo similar, pero sin conclusiones a la mano, está experimentándose en Perú. Aunque, los sectores de la derecha tradicional participaron en la votación que condujo al impeachment por actos de corrupción al presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK), todavía no han logrado capitalizar la maniobra y expresan rasgos de división muy marcados, debido a la disputa familiar de los Fujimori, en especial, de Kenji y Keiko; por lo cual le dan un margen de maniobra a la experiencia política progresista representada por Verónica Mendoza; quien también, valga la pena indicarlo, no ha logrado salir del impasse negativo ante la opinión pública producido por su apoyo al ex presidente PPK, pero quien espera agazapada para dar el golpe contra el actual mandatario.

En Uruguay, por su parte, el Frente Amplio, la experiencia política más interesante de América Latina en la actualidad por parte de los sectores subalternos, está definiendo el candidato a reemplazar en el 2019 al presidente saliente Tabaré Vaques, quien representa el ala social demócrata del Partido y quien aspira a continuar su línea mediante el ex intendente de Montevideo, Daniel Martínez. Valga la pena indicar que la izquierda está consolidada desde el 2005 en el país y los representantes de la derecha, el Partido Colorado, el Partido de la Gente, si bien tienen importancia política, no tienen hegemonía, por tanto su papel, de acuerdo a la propia situación, seguirá siendo relegado en la situación nacional.

Así mismo, la apertura y la bifurcación también están viéndose palpables en Venezuela. Un país que no termina de dirimir la situación política interna ni externa, pero quien espera en una tranquilidad pavorosa por la evolución política en América Latina; pues de allí podrá aparejar resultados que tranquilicen la crisis de des-abastecimiento reinante en el país; provocada, entre otros factores, por conflictos externos e internos; es decir, por el congelamiento del gobierno de Estados Unidos a las cuentas bancarias internacionales de la principal empresa del país, PDVSA; y la incapacidad y disputa de la burocracia estatal por radicalizar la democracia desde la base.

Ahora, la espera de Venezuela, así como la actual coyuntura de América Latina podría verse balanceada en el mes de octubre. Los resultados de las elecciones que se llevaran a cabo en Brasil podrían generar cambios en la política interna de todos los países a corto plazo. Actualmente, Jair Mesias Bolsonaro, el representante de la derecha brasileña en las elecciones - algunos analistas del Centro de Estudios Latinoamericanos de Geopolítica indican que es representante del fascismo latinoamericano- está tomando la delantera; su discurso se caracteriza por afirmar que el Golpe de Estado producido contra Dilma Rousseff fue débil, las privatizaciones de los sectores económicos controlados por el Estado no fueron realizados correctamente ni la seguridad llevada a sus máximas, es decir, la militarización del país; no obstante, las candidaturas de Marina Silva, con trayectoria en el Partido de los Trabajadores (PT) y en el gobierno de Luis Inacio Lula, ahora adscrita a una corriente ambientalista, y Fernando Haddad, el candidato del PT tras la impugnación en Agosto a la candidatura de Lula, buscan ponerle picante a la elección y poner en jaque a Bolsonaro. De estos dos candidatos surgidos de la experiencia de la presidencia de la izquierda reformista en el país, Haddad es quien más margen de maniobra tiene, pues pretende capitalizar el 39% de intención de voto expresado en las encuestas de Lula para sí.

En este sentido, si se produce el resultado a favor de Haddad, este pasaría inmediatamente, junto con López Obrador, a tener el control de los dos países más grandes de América Latina. Recordemos que el presidencialismo es una de las características de nuestro sistema político regional, esto es la importancia desmedida del poder ejecutivo en las decisiones del país, por lo tanto a través de la gestión, cada uno de ellos podrían apuntalar medidas que morigeren los efectos del subimperialismo de sus economías y promuevan el desarrollo interno de la región, viejo esquema de pensamiento político y económico que está por realizarse gracias a estas dos grandes potencias

Pero, los efectos por el control de los países sub imperiales de América Latina más importantes no sólo están atados a la gestión de políticas económicas sino también en los efectos políticos que generarían en la propia dinámica de la lucha; puesto que estaríamos ante un boomerang de aperturas y movilizaciones impresionantes.

Y es que la posible victoria de Haddad no sólo tendría un efecto político en las decisiones del ejecutivo de Venezuela sino de América Latina, Centro América y el Caribe. Faltaría por esperar lo que suceda en Argentina en el 2019, pero la creciente movilización en contra del modelo de educación del movimiento político Cambienos, los recortes laborales, la limitación a los derechos de la mujer han aumentado la presión de la ciudadanía subalterna en dicho país, lo que ha puesto en tensión al gobierno de Mauricio Macri, quien aspiró a la presidencia prometiendo la solución de la aparente crisis provocada por los Kirchner, pero quien en realidad ha empeorado la situación social de la nación, aumentando la deuda externa a niveles no conocidos desde Carlos Menem, aumentando los niveles de inflación, pauperización del salario e inseguridad multimodal.

Sin embargo, es muy probable que la tesis de la restauración conservadora sea más palpable en Chile, Ecuador, Paraguay o Colombia, puesto que allí los gobiernos de derechas tienen el control del ejecutivo, el legislativo o ambos. Además, las medidas regresivas contra la sociedad en Educación, Salud, Trabajo; el acercamiento denodado hacía el imperialismo norteamericano; la tolerancia de la corrupción por parte de la ciudadanía bien nos pueden llevar afirmar tal cosa.

No obstante, en estos cuatro países estamos ante una situación de creciente movilización. Por ejemplo, el progresismo colombiano, encabezado por el movimiento político Colombia Humana, ha tomado las calles de todas las grandes ciudades del país. Las tres victorias en las elecciones presidenciales del año 2018, regreso de las tomas de plazas públicas abarrotadas, instauración de un discurso societario encaminado a la solución de raíz de los problemas de los trabajadores, la educación, el agro y la industrialización, y los de 8 millones de votantes obtenidos, la mayor votación de la izquierda en Colombia de toda su historia, ha dado como resultado un crecimiento del ciclo político subalterno nacional, cuyo desenlace está por concretarse; tanto en la dinámica de la oposición en el Congreso, como en las calles y en las elecciones locales, departamentales y municipales, del 2019.

Y si en Colombia no escampa para la derecha, en Ecuador la tormenta política arrecía. El juego jurídico que busca apresar al presidente más carismático de la historia del país, Rafael Correa, le ha traído costos políticos al gobierno de Lenín Moreno que han agravado la polarización, han debilitado la gobernanza y lo han puesto contra las cuerdas. El movimiento político representado por Correa ha caracterizado la maniobra de traidora, así como la gestión de Moreno, por lo que han tomado la decisión de radicalizar acciones para encaminar la nación de nuevo hacía el correismo y disminuirle los efectos conservadores impresos por el actual mandatario.

Por otro lado, el reciente posesionado en Paraguay por el Partido Colorado, Mario Abdo tampoco está viviendo momentos felices ni aguas mansas. El periodo de calma que transcurre tras la posesión en el mes de Agosto del presente año, se ha visto dinamizado por las denuncias de corrupción hechas contra congresistas de su propio partido, lo que ha puesto contra la espada y la pared el rumbo de su presidencia.

Y, aunque Sebastián Piñera en Chile tiene un poco más de margen que sus restantes homólogos de derecha en el continente, las movilizaciones masivas de las mujeres por el derecho al aborto, de los estudiantes por los compromisos con la Educación Pública Gratuita y Universal prometen dinamizar la acción política en dicho país, quien podría, no obstante, también verse modificado por la elección del mes de Octubre en Brasil.

De este modo, tras esta radiografía somera de nuestra región, es posible concluir que en América Latina y el Caribe nos encontramos en un trance, un periodo caracterizado por la indefinición de los proyectos políticos en pugna; que a pesar de la inestabilidad, en menos de un año, estaríamos asistiendo en las calles a su conclusión; o, será finalmente la restauración conservadora, o el inicio del segundo ciclo progresista.

PD: Guatemala y Honduras están experimentando movilizaciones impresionantes en el actual periodo. En ambos países los partidos y los líderes de derechas están desgatados. Lo cual se convierte en una ventana de oportunidades para radicalizar y tomarse el poder, bien sea a través de la insurrección o las elecciones. Por su parte, está pendiente por dirimirse el conflicto en Nicaragua. Espero, el sandinismo de izquierda salga avante y victorioso. Es tiempo de volver a las banderas clásicas de la organización con sus nuevos liderazgos.