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Opinión
Drogas: compromiso de todos
Gelen Alexandra Sotelo Jiménez, María Camila Guzmán / Sábado 20 de octubre de 2018
 

Los habitantes en condición de calle son una población que asume su vida en el espacio público de la ciudad, espacio gobernado por el miedo y la incertidumbre, dificultando para sí mismos el estar en un ambiente digno.

Este fenómeno llega muchas veces a representar lo que es verdaderamente una sociedad excluyente y es el reflejo de una política que reprime los derechos y los vulnera a todos por igual. La falta de planeación para lograr entender, atender y eliminar el fenómeno de los habitantes de calle en la capital, ha provocado no solo una sobrepoblación, sino que incluso ha aumentado los índices de violencia vistos desde asesinatos, delincuencia y abusos de sustancias psicoactivas.

En Bogotá la situación es compleja, si se tiene en cuenta el VII Censo para Habitantes de Calle que realizó la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS), que afirma que en la capital hay 9.538 personas en condición de habitante de calle. Este alto número de personas divagantes muestra que algo está fallando en nuestra sociedad, que deja a un lado esta problemática sin detenerse a ver más allá de lo que fácilmente se puede percibir: el ingreso al mundo de las drogas o al alcoholismo, el final que reciben algunos de los desplazados por el conflicto armado, las víctimas de la violencia intrafamiliar, los niños maltratados, ancianos y discapacitados abandonados a su suerte, son algunos de los factores detonantes que pueden llevar a una persona a habitar la calle.

Es necesario reconocer los determinantes que llevan al camino directo de las drogas. El primero es el factor social, el fácil acceso a las sustancias psicoactivas, la desinformación y la falta de mecanismos de prevención; las presiones sociales y psicológicas que generan en la persona la necesidad de consumo.

El segundo factor sería el familiar, si bien no se puede concluir que todo hijo de padres alcohólicos o drogadictos seguirá los mismos pasos que ellos, sí puede llegar a incidir en su comportamiento; los ambientes familiares conflictivos y en muchos casos permisivos, la falta de atención por parte de padres y familia, las relaciones destructivas, el maltrato y la violencia intrafamiliar, son también algunos agravantes.

El tercer punto serían los factores personales, problemas que se llegan a presentar en la vida laboral, social y amorosa de las personas influye notablemente en la inducción del consumo, personas con problemas de autoestima, desilusión, dolor, odio, que buscan en las drogas la solución o el escape de la realidad social que los aqueja.

Estos son pocos, pero son los principales motivos por los cuales una persona por experimentar, por gusto o por necesidad, comienza en el mundo de las drogas sin pensar en todas las consecuencias que puede llegar a generales.

Aunque cabe destacar aquellos proyectos que buscan la inclusión y el cambio social, a través de jornadas de sensibilización y prevención del consumo. Promotores sociales y profesionales en áreas como psicología, pedagogía reeducativa, trabajadores sociales, terapeutas, enfermeros, entre otros, brindan una atención integral a los habitantes de calle que aceptan su ayuda.

Es necesario que, como comunidad, nos concienticemos y sensibilicemos, no nos hagamos los de la vista gorda y oídos sordos, ésta es una problemática que nos involucra a todos por igual, nosotros como comunidad aportamos para que aumente la mendicidad en las calles, propiciamos los espacios de ilegalidad y propiciamos más el consumo con nuestra indiferencia. Ignorar los problemas y creer firmemente que esta situación solo afecta a quienes consumen drogas y a sus familiares; no resuelve la dificultad. Debemos hacerle frente a esta situación, no propiciar los espacios para que se genere la mendicidad, no apoyar la ilegalidad y sobre todo evitar ser uno de los factores que inician la violencia, el maltrato físico, mental y psicológico.

No obstante, la realidad demuestra que todos los planes o propósitos que implementan día a día las instituciones públicas, no tienen mayor efecto ya que existe un alto nivel de población reincidente; es menor la cantidad de personas que acepta la ayuda realmente porque lo necesita, y desea un cambio en su vida. Pero también existen personas que solo se aprovechan de los planes de desarrollo social para adquirir beneficios propios que no ayudan a su proceso de rehabilitación.