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En el Barrio Rebolo de Barranquilla, las comunidades siguen luchando por la dignificación y en contra de la exclusión
Luis Guillermo de la Hoz / Viernes 9 de noviembre de 2018
 

A pesar de las declaraciones del DANE de no censar al barrio Rebolo de Barranquilla por considerarlo el mas peligroso de la ciudad. La gente sigue luchando sin olvidar la transformación de lo que eran lagunas de aguas de alcantarillas, por viviendas y hermosos jardines, porque entienden la importancia y el cuidado de la Pachamama.

Tras doce años de total abandono por parte de los que conducen los designios públicos de la ciudad de Barranquilla. En el sector de Don Bosco dos del barrio Rebolo y al cual se le referenciaba como a “Villa Cacho”. La comunidad junto al padre Bernardo Hoyos han venido desempeñando una labor de transformación y dignificación, permitiendo así, que hoy en día la realidad de esta gente empiece a cambiar, pasándose a llamar “la villa de la alegría”.

La realidad de este sector no es muy distinta a la que viven diferentes barrios de Barranquilla en el sur oriente y sur occidente. Golpeados por el abandono, la exclusión, la estigmatización, la represión por parte de las autoridades y tratados como los nadie que describe Eduardo Galeano en su poema. En los rostros de aquellas mujeres, hombres y niños se refleja un mañana poco esperanzador porque saben que su suerte no va a cambiar mientras sigan gobernando aquellos que se enriquecen con el hambre de esta pobre gente.

Ha comenzado un periodo de trasformación de la realidad de estas personas, y comenzó desde el preciso momento en que el padre Bernardo Hoyos junto a su equipo comunitario de colaboradores, comenzaron en la ardua tarea de hacer despertar la conciencia de estas personas, diciéndoles: “ustedes los pobres también tienen dignidad, por lo tanto si ustedes se unen en contra de esta clase politiquera que los destruye. Solo así podrán cambiar la realidad”. Discurso que poco a poco fue calando en las personas, quienes en pleno siglo XXI, periodo reconocido por lo grandes avances científicos y tecnológicos, aún existen comunidades que no cuentan con agua potable, alcantarillado, luz y vivan alrededor de las aguas negras.

En este sector la mayoría de las casa son de tabla, como es tan normal en cualquier tugurio de américa latina. Viven a la orilla del caño de la ahuyama, en un terreno que se rellenó cuando se hizo el dragado del caño, en la primera administración del padre Bernardo Hoyos. La mayoría encuentra su sustento diario en la informalidad, los jóvenes no estudian y la falta de oportunidades es evidente, muchos no desayunan para poder almorzar y les toca conformarse con comer arroz con huevo o lentejas.

El padre Bernardo Hoyos convencido que la función y la práctica de la política debe ir orientada a resolver los problemas de las comunidades y el que ocupa un cargo público debe estar al servicio de aquellos que lo eligieron, por lo tanto este esfuerzo de dignificación lo hace sin pedir un solo voto a cambio, ni buscar un beneficio económico particular. Esta gran labor comenzó con la limpieza de un canal de agua, del terreno y el corte de la maleza que causaba la acumulación de mosquitos y la proliferación de enfermedades, se sembraron más de cincuenta árboles, esto inicialmente. Y luego gracias a las gestiones del equipo comunitario y al padre Bernardo Hoyos con el apoyo de algunos miembros de la triple A se inició una obra que los beneficiaria con el servicio de agua potable y alcantarillado, donde la misma comunidad con un trabajo largo y arduo lograron la instalación en aproximadamente 3 semanas. La humanidad, el sacrificio y el compromiso de estas personas hacen que todo este esfuerzo haya valido la pena.

Para asombro de muchos e incluso para la misma comunidad de “Villa de la Alegría” su dignificación no iba a quedar inconclusa. Debido a la visita de un empresario de Barraquilla quien percibió la labor que estaba adelantando el padre Bernardo decidiendo respaldar la iniciativa que de hace tiempo el padre tenía pensado para estas comunidad; la de construir un parque. Esta construcción actualmente se está adelantando junto a ello la de mejorar los accesos al parque, el alumbrado público, la conexión de luz hacia las casas y a través de este proyecto brindarle oportunidad de empleo a los jóvenes del sector.

En las interacciones que a diario se suscitan, la gente comenta sobre la realidad y la falta de oportunidades y también preguntan: “¿padre no piensa lanzarse de nuevo a la alcaldía?” “vea que usted es el único que verdaderamente piensa en nosotros los pobres, si usted no es el candidato nosotros no votamos” “padre que opina usted de lo que dice el Dane de que somos el barrio más peligroso de Barranquilla y por lo tanto no van a venirnos a censar” a este último interrogante responde que Rebolo tiene una gran tradición cultural y hace parte del inicio de la historia de Barranquilla. Además, no cualquier barrio goza de la tranquilidad que en este preciso instante se esta percibiendo.

Otros relatan lo que viven a diario. Madres solteras, adolescentes con hijos y con ganas de estudiar, trabajar y poder salir adelante, toda esta gente ve en el padre Bernardo Hoyos su única esperanza de progreso. Sabe bien el padre que esta realidad no la podrá cambiar el solo y que mejorara el día en que el pobre aprenda a no vender su voto por $50.000 al político corrupto, cuando los que nos gobiernan se interesen por la gran brecha social e inviertan en el bienestar de la gente, cuando se interesen menos por esas grandes obras faraónicas que solo le produce ganancias a unos pocos. Si el pobre no despierta nada de esta realidad va a cambiar y nuestra labor seguirá siendo educar al pueblo para que despierte. Mientras tanto la gente sigue gozando y riendo con cada ocurrencia del padre, sienten que es de ellos, porque habla como ellos en su lenguaje popular.

Debido a estas labores y al trabajo popular, la esperanza vuelve a nacer en estas comunidades, que durante años han sido víctimas de la exclusión que los condena con la peor violencia y el peor terrorismo que puede existir; el hambre. Por eso el padre Bernardo Hoyos en su convicción de religioso ve que el único camino que tiene la iglesia latinoamericana es comprometerse con los pobres.