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Continuaremos en el camino y búsqueda de los derechos campesinos
A la defensa del campesinado
Kelly Johanna Villamil / Lunes 3 de diciembre de 2018
 
Foto: Agencia Prensa Rural

Empezaré por indicar, el sin sabor, la vergüenza y pena ajena del Estado Colombiano en cabeza del gobierno del presidente Iván Duque y el canciller Carlos Holmes Trujillo; frente a la abstención en la votación de la Declaración sobre los derechos de los campesinos, las campesinas y de otras personas que trabajan en las zonas rurales, en la Tercera Comisión de la Asamblea General, de la ONU en la ciudad de Nueva York, el día 19 de noviembre del presente año.

Sin duda un episodio bochornoso ante la comunidad internacional y las organizaciones campesinas que han organizado un trabajo de lucha por los derechos del campo y su campesinado. A ello la demostración apacible de este gobierno del desconocimiento de la realidad y condiciones de las comunidades rurales, de la tosquedad de no apoyar a las organizaciones campesinas y sociales en su deseo, como en su derecho de recocerles en la declaración, la aprobación de sus derechos.

Recordemos, que Colombia es una país inmensamente rural (94%), históricamente agrario por las comunidades campesinas que existen en distintas zonas del país, bajo condiciones de pobreza, de atraso, falta de oportunidades y acceso a garantías de sus derechos, el campesinado ha sido relegado, olvidado, es un sujeto marginal históricamente, excluido de su reconocimiento, e ignorado en la sombra de una sociedad que culturalmente es diversa y campesina. Hemos sido testigos de la lucha y reivindicaciones que han exigido a lo largo de estos tiempos: por medio de marchas, protestas, mesas de interlocución con los gobiernos, y sin embargo el Estado y sus políticas institucionales han sido indiferentes y mezquinas al contexto del campo.

Ahora bien, que nos puede significar el panorama de negación de la declaración de los derechos del campesinado, por un lado la falta de voluntad política del gobierno del presidente Iván Duque y la continuación de una política pública, planes y proyectos invisibilizando al campesinado, o imaginándolo en un escenario desamparado de la posibilidad de ejercer como sujetos políticos.

A ello, la incoherencia de un gobierno que planifica políticas y proyectos de ley hacia el campo, donde sus principales protagonistas son los más ausentes de participar. Mientras se enfila la maquinaria de la agroindustria, valida y correcta por sus procesos capitalistas y de nuevas tecnologías, donde el campesinado resalta por su condición de obrero, aparcero o de mano de obra asalariada, inmerso en técnicas que desdibujan sus saberes y tradiciones campesinas. Reflejo de la condición de reconocimiento distorsionado que han heredado y multiplicado todos los gobiernos. A lo cual Iván Duque no es ajeno, si bien su posición gobiernista junto a las entidades observan con desdén el mundo campesino.

Claro ejemplo de ello la disposición de generar mejores condiciones para los empresarios del campo, con leyes como la modificación de la ley 160 de 1994, donde prima la entrega y legalización de los baldíos a latifundistas, bajo el concepto de confianza legítima. Como su pericia de priorizar los proyectos de “desarrollo rural”, con actividades mineras, petroleras y extractivas, con el argumento de ser de uso o desarrollo de interés general o utilidad pública [1]. No menos importante el proyecto de ley 193 de 2018; con la pretensión de mejorar la condiciones del sector rural, pero que “la dignificación del trabajo de la población rural…y el establecimiento de un piso de protección social mínimo” [2]. Es totalmente contraria a lo propone; pues sus argumentos expresan la degradación de las condiciones de trabajo del campesinado: trabajando más fuerte para agigantar el sector financiero y sin garantía de protección a la labor del campo.

Sin embargo a todos estos avatares y sin sabores las organizaciones y movimientos campesinos y campesinas, continuaran su lucha, no es de sorprender la resistencia del mundo rural y sus actores, que han sorteado las coyunturas y las dinámicas mundiales, las cuales los han intentado desaparecer, durante estas largas y mutables políticas.

Pero el campesinado se ha organizado para exigir y defender su reconocimiento político como sujetos de derechos, dignificando su economía familiar y campesina, defendiendo su territorio en reproducción de su cultura, tradición y saberes del campesinado. A la par porque debemos recordar el fallo de sentencia 2028 de 2018, el cual ordena contar al campesinado en un CENSO, para conocer y determinar cuánto campesinado existe, como el de realizar por parte del grupo de asuntos campesinos al interior del Ministerio del Interior las políticas públicas, planes y proyectos en vía de mejorar las condiciones de igualdad material a la población campesina en general, escenario que ha sido la bandera de lucha de las organizaciones campesinas, que desean reflejar su historicidad no solo en el campo y el desarrollo de sus comunidades, sino en la constante visibilizacion de ser tomados en cuenta en la sociedad, en las decisiones políticas y jurídicas que atañen a sus territorios, como en las disposiciones y planes que forja un gobierno, para construir país.

Por ello la abstención del gobierno a la declaración es inadmisible, dado que se ha mantenido una confrontación con las distintas organizaciones campesinas y los diferentes gobiernos por sus derechos. Tampoco olvidar la lectura del panorama existente con las organizaciones campesinas del departamento del Cauca, quienes vienen desarrollando ejercicios en pro de sus derechos, claro ejemplo de ello la tutela al censo y la necesidad de su reconocimiento en pro de establecer su igualdad material en sujetos vulnerables de especial protección constitucional; como lo es el campesinado.

En este sentido más allá de la negación que realizó el gobierno a la declaración de los derechos del campesinado, las organizaciones, los movimientos y sus aliados y aliadas a la lucha campesina, continuaremos en el camino y búsqueda de los derechos, como de la consolidación de su recorrido histórico, de su pervivencia en los múltiples cambios, el campesinado sigue allí, y resistirá.

[1Proyecto de ley modificación ley 160 de 1994

[2Proyecto de ley 193 de 2018, de seguridad rural.