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’El Español’, héroe de la guerra de trincheras en Villarrica, Tolima
Edison Peralta Gonzalez / Viernes 21 de diciembre de 2018
 
Foto: http://www.villarrica.galeon.com|

Así te llamabas en la guerra de trincheras. No supiste por qué. Querías ser, tal vez, la apología de la muerte para vengarte del odio de quienes asesinaron a tus padres en la enramada de los Cuindes cuando solo eras un niño. Tu hermano dirigía el agite de la turba y creciste echando bala en los atajos de los cafetos y la jungla en defensa de los fundos y covachas de tus otros hermanos, los campesinos de Colombia. Y así, con la mochila al hombro y la tristeza a cuestas llegaste a Villarrica un día con tu ropaje de niño pobre en la utopía de salvar la tierra y las chacras que un día socolaran los abuelos. Y te quedaste, rebuscando sueños a cambio de nada como edecán de los caminos empedrados de Bélgica y Guanacas en procura de robustecer la gloria de los frutos en las zanjas y riberas de los ríos. Pero la esperanza tuya quedó trunca, Español, y solo pudiste abrazar la muerte cuando una bomba disparada desde el cielo te astilló una pierna y a gritos clamabas que por favor te acabaran de matar. Era la batalla de Guanacas, cuerpo a cuerpo, a tiros, a machete, a puñal, a bombazos. Eran los hijos del pueblo, campesinos y soldados en una orgía apocalíptica, ensañados con su cuerpo, rasgándose la piel, vomitando sangre. Y te fuiste silenciando, poco a poco, en la trinchera, hasta que un soldado joven como tú, te cubrió la mirada cuando cesaron los balines en los caminos del despojo. Después de todo, nadie supo de ti, ni te lloró ni sepultó tus huesos. Una manada de buitres te saco los ojos, salpicó tu carne, te rasgó la piel, inhumó el bullicio. Solo quedó tu espíritu errante en los riscos de la historia asechado el tiempo entre las nubes para que no vuelvan a matarse los hijos de los Cuindes ni a rezongar el odio parapetado en los ritos de la muerte.