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Especial ’Bicentenario de los pueblos’
Los verdaderos héroes de la Independencia (Parte III)
Alfredo Valdivieso / Miércoles 13 de marzo de 2019
 

La historiografía escrita por las clases dominantes, por las élites que asumieron el poder desde el inicio de la lucha por la Independencia, solo pretende exaltar a unos prohombres, desconociendo de tajo la determinante participación popular, es decir de los sectores subalternos de esa sociedad colonial.

Comenzando por el acto del 20 de julio de 1810, que se nos intenta demostrar como una acción acaudillada por próceres de la alta clase de los criollos (como José Acevedo y Gómez), pero ignorando por completo a los verdaderos héroes de la jornada, como el viejo Antonio Morales y sus hijos, los Morales Galavís, de uno de los cuales ya hablamos un poco. Se soslaya el formidable trabajo organizativo y movilizador de personajes como José María Carbonell, las vivanderas de las plazas y las chicheras.

Pero así mismo se desconoce, y pretenden ignorar, jornadas anteriores a las del 20 de julio, como la verdadera insurrección en Chiriguaná, del mes de mayo del mismo 1810, que cobijó prácticamente todo el actual departamento del Cesar y parte del actual Magdalena, lo que obligó a la junta de regencia de Cádiz (que custodiaba los derechos del rey preso), a enviar al comisionado don Antonio Villavicencio –ignorado, salvo por la ciudad capital del departamento del Meta que lleva su nombre−, para tratar de someter a la obediencia a las grandes masas populares, campesinas, indígenas y de esclavos que se había autoliberado y que actuaban en los palenques. Y, cómo no, se ocultan otros acontecimientos de tanta o más importancia, anteriores a la firma del acta de independencia del 20 de julio, como los sucesos de Pamplona, Cali y en especial de El Socorro, donde el pueblo hastiado de la represión y el crimen se insurreccionó y depuso a las autoridades coloniales. Y aunque estos sucesos fueron eludidos cuando se conmemoraban (hace nueve años) los 200 años de los gritos de independencia, es hora de rescatarlos, porque la actividad popular marca definitivamente lo que luego sería la guerra de la independencia.

Cabe recordar que la lucha por la independencia de nuestro actual país, llevó a discusiones entre los criollos desde un comienzo, pues ellos no estaban interesados sino en un cambio de régimen político, que les permitiera desarrollar en pleno toda su capacidad económica, pero tenían más temor a las clases bajas de la sociedad que a la propia corona española. Y sus cortas miras (pensar que la monarquía iba a permitir que por unas simples decisiones de obtener autonomía se pudieran autogobernar) llevó inevitablemente a choques, incluso armados, que generaron eso que el propio Nariño llamaría “la patria boba”. De esa guisa se dio la creación de multiplicidad de “repúblicas independientes”, con nueve constituciones, algunas de ellas pintorescas como las de Mariquita (actual Tolima) con ejércitos de utilería que declaró la guerra al imperio alemán, y la de Silos (actual Norte de Santander) que no creó república sino una monarquía indígena encabezada por Túpac Amaru, asesinado hacía casi cincuenta años atrás en el Perú.

Lo demás fue el desastre. Pese a que Bolívar advirtió, desde fines del año 1812, cuando llegó derrotado a Cartagena y donde produce y divulga el célebre ‘Manifiesto de Cartagena’, que las luchas internas podrían propiciar la reconquista, no se le hizo caso, y mientras el futuro Libertador emprendía las acciones iniciales de la ‘Campaña Admirable’, en Bogotá se presentaba el asalto militar de los federalistas de Tunja contra los centralistas en la célebre batalla de San Victorino.

Para 1815, cuando se asalta Cartagena por parte de la armada al mando de Morillo y se inicia la época del terror, llamada por los españoles de ‘pacificación’, y se lleva al patíbulo a los más connotados líderes de los criollos (a los que se recuerda con gratitud) se lleva igualmente al cadalso a enorme cantidad de líderes naturales de las bases populares, lo que obliga a que los pobres de la Nueva Granada, acompañados de unos pocos prohombres, salieran al refugio interno en los llanos de Casanare, otras al exilio y otros muchos se alzaran en guerrillas, sobre todo en el nororiente colombiano, actuales departamentos de Santander, Norte de Santander y Boyacá.

Pero de eso, en detalle, hablaremos en próxima entrega, con nombres y acciones.