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La “información” y la prensa como expresiones de clase
Alfredo Valdivieso / Sábado 30 de marzo de 2019
 

Una “noticia” que el 29 de marzo pasó medio desapercibida, fue la carga contrarrevolucionaria en la instalación, en Cartagena de Indias, del encuentro de la llamada Sociedad Interamericana de Prensa –SIP− cuyo objetivo estratégico es a voces, la condena de lo que ellos llaman los regímenes autoritarios y dictatoriales y la defensa a “ultranza” –dijo Duque− de la democracia, para lo que claman por intervención extranjera.

El primer panel de ese encuentro se denominó «Venezuela sin chavismo: nueva oportunidad para el hemisferio», y fue encabezado por el cómitre mayor, subalterno del imperio, Luis Almagro, acompañado de agentes de los monopolizados “medios de comunicación”, quienes desde luego hablaron en representación de su clase, la que domina a la América Latina desde el alcance de su primera independencia, y quienes obviamente adelantaron su primer panel no tanto en el objetivo de la ‘imparcialidad y la veracidad’, como en el de sus negocios.

El nombre del primer simposio es más que diciente: No la defensa de la ‘libertad de prensa e información’ en la República Bolivariana de Venezuela, y ni siquiera la ‘condena al gobierno de Maduro’ (que debería ser la preocupación de un gremio de periodistas), sino el anhelo de exterminar hasta el nombre de la hermana república, para volver a la Venezuela de las castas dinásticas y oligárquicas, que saquearon al país a su amaño, para entregar las riquezas con donosura al capital extranjero y quedarse con algunas migajas –que acumuladas fueron enormes fortunas. Para los paniaguados de esas oligarquías, lo esencial es destruir el nombre legítimo del hermano país, y lo más importante, estratégico, destruir el gran movimiento de masas que es el chavismo.

«Venezuela sin chavismo» es reedición del macartismo estadounidense: «América sin comunistas», lanzamiento de la doctrina de la seguridad nacional con su concepto de enemigo interno, que asoló y anegó en sangre a toda Latinoamérica y los países de Asia y África. «Venezuela sin chavismo» no es oportunidad para el hemisferio, sino el requisito sine qua non para restablecer los jugosos negocios del gran capital: la explotación del petróleo y demás recursos mineros y estratégicos por las transnacionales norteamericanas; la explotación de los servicios públicos de agua, saneamiento básico, energía y gas, por las transnacionales de origen español, así como buena parte de la banca y el sector financiero; el comercio de grandes superficies por el capital europeo (en particular francés) y el etcétera de todos los opíparos mercados, que incluyen además el saqueo de las materias primas.

Por eso el afán de eliminar cualquier referencia a Bolívar. Porque el Libertador, dentro de su proyecto integracionista y defensor de la soberanía plena, tenía presente que la preservación de los recursos naturales y su utilización para beneficio del país, era la primera condición para alcanzar el desarrollo y el progreso para el beneficio de los habitantes. Eliminar el nombre de «bolivariana» de la hermana república (lo que sueñan los burgueses nostálgicos) podría ser el primer paso para crear una amnesia de nuestro legado histórico, en lo que están empeñados, y en lo que se inscribe el falseamiento de Duque y los uribistas sobre nuestra historia, con el risible mito del “apoyo de los ‘padres fundadores’ de EE.UU. a nuestra independencia”.

Y eliminar el «chavismo», el gran, formidable y heterogéneo movimiento de masas, patriótico y revolucionario, es también requisito para que los halcones del capital (o mejor los buitres carroñeros) aterricen de nuevo sobre el territorio, de manera expedita sin que sus intereses encuentren algúnobstáculo.

Para los pueblos de América, en especial para el colombiano, permitir que el anhelo estratégico del imperio y sus galeotes, de devolver la rueda de la historia, de retornar a la práctica que compartieron muchos de los mandatarios, latifundistas y grandes burgueses venezolanos con sus congéneres colombianos, sería una derrota que implicaría que ningún proyecto alternativo, ni aun en lo territorial, pudiera levantar cabeza en muchos años, pues un gobierno o un proyecto diferente, sería de inmediato tildado de “bolivariano”, “bolchevique”, “revolucionario”, “autoritario”, etc., y contra él se lanzaría la bandada de halcones y buitres, que cual aves de rapiña, se niegan a soltar su presa aún en sus estertores agónicos.

¿Qué dijeron los ‘periodistas’ (muchos de ellos palangristas) sobre los asesinatos de sus colegas en México, otros países (ninguno en Venezuela en 20 años) y sobre todo en Colombia? ¿Qué de la expulsión de algunos de sus colegas por Donald Trump de la Casa Blanca, por preguntas incómodas? ¿Qué del cierre de emisoras comunitarias, en especial en Colombia? ¡Nada! Y eso que el gobierno colombiano, en el marco del encuentro de la SIP, debió pedir perdón por el asesinato, hace 21 años, del periodista huilense Nelson Carvajal, y por orden de la Corte Interamericana de DD.HH.

Los señores de la SIP tienen una fijación hoy, las mismas de hace años. A esos ‘periodistas’ (repito, palangristas’) les incomoda Telesur, como ayer Prensa Latina y antier Novosti y la agencia TASS soviética, que eran estorbo para la “verdad oficial”, formadora, más que informadora, de las agencias de prensa imperialistas, de las que la SIP son un simple sirviente de librea.

Acabar Telesur, o su influencia, es tan necesidad como lo fue monopolizar los medios en Colombia, en manos de Ardila Lülle y la demás clase explotadora, en reacción a la red radiodifusora de Chile, de antes del golpe pinochetista. ¡La prensa y opinión independiente, tienen sin cuidado a los brahmanes y mercachifles de la SIP! ¡Pero ojo, es un llamado del encuentro! ¡Hay que meter en cintura la anarquía de las redes!

Por eso se hace imperativo el boicot a los medios monopolizados de prensa, radio y TV. Impulsar la prensa alternativa y en especial la libre expresión y opinión (politizada sí) de los medios alternos virtuales y preparar la contraofensiva cuerpo a cuerpo.