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Nuestra independencia, lograda a pesar de los EE.UU. (Parte II)
Alfredo Valdivieso / Miércoles 1ro de mayo de 2019
 

Parte I

En plena reorganización de ejércitos y guerrillas para el desarrollo de nuestra guerra de independencia, se presenta el primer zarpazo de los Estados Unidos (los mismos que según Duque la apoyaron de forma crucial), en contra de los planes bolivarianos de liberación. Se trata del episodio de la Isla Amelia, que seguramente el señor Duque, en su «profunda formación académica» ignora, por ser un asunto muy prosaico.

La Isla Amelia, única isla frente a las costas de la Florida era, junto a ésta, posesión histórica de España, ratificada en el ya señalado Segundo Tratado de París. Como ya vimos también, los EE.UU. habían reafirmado su «neutralidad» en la guerra de independencia de Hispanoamérica mediante ley del 3 de marzo de 1817; y conocían que el gobierno venezolano, dirigido por el Libertador Simón Bolívar, desde enero de ese mismo año había decretado el bloqueo y sitio de los españoles en Angostura y el río Orinoco y que había decretado guerra corsaria contra España, llegando incluso barcos venezolanos a merodear las propias costas peninsulares.

En desarrollo de esta actividad militar, pero además conociendo que los EE.UU. de manera subrepticia apoyaban a España, Bolívar ordena que los patriotas, comandados por el general Gregor Mac Gregor, militar escocés, y una expedición con personalidades internacionalistas como el francés Luis Aury, el curazoleño Luis Brión, y los italianos Agustín Codazzi y Constante Ferrari, además de una buena cantidad de venezolanos, neogranadinos y de otros lugares latinoamericanos, atacaran la isla, importante punto estratégico para impedir que los yanquis enviaran auxilios a los españoles, para tratar de liberar la Florida (que nominalmente seguía siendo dominio español), controlar el tráfico por el golfo de México e interceptar los refuerzos y envíos desde Cuba a los chapetones. La ocupación patriota se da en junio de 1817, cuando ya los EE.UU., meses antes había declarado la «neutralidad».

El gobierno yanqui, presidido por el ya citado James Monroe, que tenía las miras en la península para anexionarla junto con la isla, envío su expedición para expulsar a los patriotas, a quienes acusaron de «piratas»; y en diciembre de ese mismo año pasaron a ocupar la isla, que nominalmente siguió siendo española, hasta cuando pasó a manos norteamericanas en febrero de 1819 con el Tratado suscrito entre John Quincy Adams (hijo del expresidente que “veía a México centellear ante sus ojos”) y por el ya referido Luis de Onís, uno de los enviados españoles que terció por la declaratoria de «neutralidad» del Congreso gringo en 1817.

Eso es una primera muestra de cómo los Estados Unidos, con sus “padres fundadores” y quienes le siguieron, no solo no “apoyaron de manera crucial” nuestras luchas por la independencia, sino que por el contrario, se opusieron a ella.

Cuando el gobierno de Venezuela dispuso por decreto del 6 de enero de 1817, el bloqueo de Guayana y Angostura, que fue publicado en los Estados Unidos, los buques mercantes norteamericanos burlaron sistemáticamente el bloqueo. En junio de ese mismo año fueron capturadas por las fuerzas marítimas de Venezuela las goletas norteamericanas “Tigre” y “Libertad”, cuando llevaban recursos bélicos y comida a los realistas. Este hecho conllevó a un duelo epistolar entre el agente diplomático de los Estados Unidos en Venezuela, Bautista Irvine, y Bolívar, a lo largo de 1818. El 20 de agosto de 1818 le escribe Bolívar a Irvine:
“Si es libre el comercio de los neutros para suministrar a ambas partes los medios de hacer la guerra, ¿por qué se prohíbe en el Norte? ¿Por qué a la prohibición se añade la severidad de la pena, sin ejemplo en los anales de la República del Norte? ¿No es declararse contra los independientes negarles lo que el derecho de neutralidad les permite exigir? La prohibición no debe entenderse sino directamente contra nosotros que éramos los únicos que necesitábamos protección. Los españoles tenían cuanto necesitaban o podían proveerse en otras partes. Nosotros solo estábamos obligados a ocurrir al Norte así por ser nuestros vecinos y hermanos, como porque nos faltaban los medios y relaciones para dirigirnos a otras potencias. Mr. Cobbett ha declarado plenamente en su semanario la parcialidad de los Estados Unidos a favor de la España en nuestra contienda. Negar a una parte los elementos que no tiene y sin los cuales no puede sostener su pretensión cuando la contraria abunda en ellos es lo mismo que condenarla a que se someta, y en nuestra guerra con España es destinarlos al suplicio, mandarnos a exterminar. El resultado de la prohibición de extraer armas y municiones califica claramente esta parcialidad. Los españoles que no las necesitaban las han adquirido fácilmente al paso que las que venían para Venezuela se han detenido”.

El grueso alegato de Bolívar contra Irvine se suspendió, en virtud del inicio de la campaña libertadora de Nueva Granada, cuando salió Bolívar hacia Casanare el 27 de mayo de ese año, y porque el propio Libertaos manifestó a Irvine que no insistiera más en el asunto; pero las órdenes del Libertador fueron claras y perentorias, en el sentido de no hacer devolución de las mencionadas goletas. Aprovechando la ausencia del General en Jefe, a fines de julio de ese mismo año, el vicepresidente de la Republica, el antioqueño Francisco Antonio Zea, traicionando las expresas órdenes del Libertador, devuelve a los EE.UU. las dos goletas, lo que provoca, junto a intereses personalistas y regionalistas de los militares anclados en Angostura, el primer golpe de estado en nuestra naciente república, golpe dado el 14 de septiembre de 1819 encabezado por el general Juan B. Arismendi, quien depone a Zea y asume el poder, hasta cuando tiene que legar Bolívar, a ponerle orden al tema restableciendo la institucionalidad creada con el Congreso de Angostura y consolidada con los triunfos de Pantano de Vargas y Boyacá.

Y en que ni siquiera la devolución de los dos barcos a proto-imperio yanqui hizo posible que los EE.UU. reconocieran nuestra independencia, y bastante tiempo debió pasar para que se hiciera, mucho después de que lo hicieran vario estados europeos.

De modo que el tal «apoyo crucial» de los gringos a nuestra independencia y a las luchas por nuestra libertad, es una de esas ficciones que el señor Duque, fiel seguidor del pensamiento de la mayoría de mandatarios colombianos del siglo XIX y buena parte del XX, se han creado por su genuflexión ante el imperialismo. Desde Mariano Ospina Rodríguez, el propio Zea, luego Marco Fidel Suárez y otros más, llegaron a plantear incluso que los Estados Unidos anexaran a Colombia como un más de sus estados, por la teoría fabricada por ellos del «Respice Pollum».

Como el tema del «crucial apoyo» no termina ahí, la semana entrante miraremos la llamada «Doctrina Monroe», acuñada por los EE.UU. para posesionarse en América Latina como su patio trasero.