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La derogatoria de la Resolución de la OEA que expulsó a Cuba es un hecho histórico
Carlos A. Lozano Guillén / Jueves 4 de junio de 2009
 

La derogatoria, sin condiciones, de la Resolución de la OEA que expulsó a Cuba de su seno hace casi 50 años, es un “hecho histórico” de especial trascendencia, porque es una derrota al imperialismo del Norte y a las mafias cubano-estadounidenses, que hace 50 años recibían el calificativo despreciable de “gusanos”.

No es cierto, como dice la “gran prensa”, que el gobierno de Obama haya respaldado la histórica decisión. No tuvo alternativa ante la fuerza de la mayoría de los países americanos, con pocas excepciones como el gobierno de Colombia, que no aceptan la férula yanqui. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, se había pronunciado por derogar la infame e indigna resolución, pero con condiciones inaceptables para Cuba. Sin embargo, la presión de la mayoría, liderada por los países del ALBA, escogió otro camino, la de derogarla sin ningún tipo de exigencia ni imposición.

Lo único que puede hacer ahora el gobierno de los Estados Unidos es levantar el bloqueo económico, ilegal y criminal. No tiene justificación alguna. Es un anacronismo en la nueva realidad del continente. América Latina dejó de ser el patio trasero yanqui y la OEA, con todo el desprestigio acumulado, no es más el ministerio de colonias de los Estados Unidos. Atrás quedaron los gobiernos lacayos como los de hace 50 años, que aprobaron de rodillas la exigencia yanqui.

La triste y lánguida excepción es el gobierno de Uribe Vélez, hundido en la corrupción y en los delitos, que se sostiene en el continente gracias a la mano estadounidense. Obama aceptó financiar el Plan Colombia y ahora impone el “salto estratégico”, plan intervencionista, aprobado en Washington y asumido de manera dócil por la “Casa de Nari”. Uribe es el Caín de América y una vergüenza para Colombia.

Cuba tiene el derecho de aceptar o no el retorno a la OEA, porque lo que se está imponiendo es la integración americana, independiente de Washington. La OEA acumula mucho desprestigio y cada vez es una organización más inviable. Es la realidad. Aunque celebramos al lado de Cuba socialista y revolucionaria este triunfo antiimperialista, de los muchos que acumula la revolución en los 50 años de existencia.