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Opinión
Un Nelson Mandela llamado Seuxis Hernández
Preso político en la dictadura colombiana
Marcha Patriótica Antioquia / Martes 21 de mayo de 2019
 

No existe otro nombre diferente para denominar la línea actual de la política de este país, solo podemos compararla con las más aberrantes dictaduras serviles a los intereses extranjeros o definirla como: “Ni Estado, ni Social, ni de Derecho”, esa pseudodemocracia en la que día a día se nos demuestra la firme decisión del Gobierno de Iván Duque por continuar dando golpes de facto a la paz.

El pasado 15 de mayo la Sección de Revisión de la Justicia Especial para la Paz JEP ordenó al Fiscal General de la Nación disponer la libertad inmediata de Hernández Solarte, basada en lo dispuesto en el artículo 19 transitorio de la Constitución, arguyendo conjuntamente la ausencia de pruebas que debía entregar la Fiscalía General de la Nación y la justicia de Estados Unidos.

La JEP concluye bajo el imperio del derecho que no existe delito alguno en la conducta del procesado, ni anterior ni posterior a la firma de los acuerdo de paz, sin embargo los enemigos agazapados de la paz han buscado todos los estratagemas políticos y judiciales para impedir el bien preciado de la libertad de Seuxis Paucias Hernández Olarte.

Tras casi 30 horas de detención ilegal y amparado por Habeas Corpus 110012204000201901044-44 del Tribunal Superior de Bogotá ordena la libertad inmediata para Seuxis Hernández, el Gobierno de Duque con infames presiones a los entes judiciales impide el derecho al principio de Libertad.

Drogado forzadamente por funcionarios oficiales, reducido mental, psicológica y físicamente, su vida fue llevada al peligro extremo dada la inducción involuntaria y arbitraria de sustancias que causaron un paro cardíaco, un atentado contra su vida e integridad.

Es tal la presión ejercida por el oficialismo gubernamental, que claramente influye en la extralimitación legal de autoridades y bajo el acometimiento de delitos de Estado atentan contra el debido proceso de Seuxis Paucias.

El funcionario de la Procuraduría General de la Nación establecido para la diligencia declara la ilegalidad de la captura y evidencia las irregularidades, a lo que el Procurador General de la Nación responde con leguleyas que violan normas nacionales e internacionales.

Ni la JEP lo entiende, pero extrañamente el día 17 de mayo la Fiscalía General de la Nación “… incorporó nuevas evidencias y elementos de prueba…” sobre el caso Hernández Olarte. La JEP, en comunicado público del mismo 17 de mayo se pregunta por qué esas pruebas no fueron allegadas a tiempo a la Sección de Revisión.

Para nosotros es muy claro el mensaje del Gobierno hacia los colombianos, desde el 7 de agosto del 2018 se esfuerzan sin descanso en hacer trizas la paz, con su lema de campaña ya se había determinado el discurso de la demagogia retórica contra paz, centrándose, eso sí, en las acciones de irrespeto hacia las instituciones, la ley y la soberanía del pueblo.

Con un afán desmesurado, propio de las peores tiranías del mundo, Duque nos devuelve al pasado, afila sus tizones autócratas con la mayor esencia del despotismo, se reconfiguran todas las estrategias absolutistas, autócratas, se camina en detrimento del imperio de la ley y la democracia.

Estos hechos demuestran en verdad que los enemigos de la paz y la democracia siguen en el poder y nos quieren condenar a la perpetuidad de ese mandato totalitarismo, por eso se ven venir nuevamente los necrófilos vientos gravemente planificados de las ejecuciones judiciales, los asesinatos contra reincorporados, los desplazamientos forzados, los homicidios contra defensores de derechos humanos, las desapariciones, la desigualdad social, el desempleo y todo el concurso infame de los crímenes de Estado, de la No Verdad, de la No Justicia, la No Reparación y con la firme garantía de que se repetirán todas las causas que el Estado utilizó para que se originara el conflicto social y armado.

Esta negación a la Libertad de “Jesús Santrich” es una clara ilustración de lo que puede pasar contra cualquiera de nosotros en el momento que decidamos disentir, sobre todo en un país en el que pensar diferente es señalado como el peor de los delitos.

La esperanza de la paz se pierde aquí y ahora, se pierde cada vez que miramos las noticias o los campos y las ciudades. Se esfuma cuando se niega el derecho sublime a la Libertad, se disipa cuando la jefatura del país está en manos de marionetas que moldean hacia el regreso de los tiempos oscuros del neofascismo, se desvanece cada vez que se condena a un constructor de la paz y se absuelve a los criminales.

Nelson Mandela, lo dijo y la historia lo situó de su lado: “…En nombre de la ley, fui tratado como un criminal... no por lo que hice, sino por lo que defendí, por mi conciencia. Nadie en su sano juicio elegiría una vida semejante, pero llega un momento en que a un hombre se le niega el derecho a vivir una vida normal, en que sólo puede vivir la vida de un criminal, porque así ha decretado el gobierno que se haga uso de la ley…”(…) la pregunta que queda por hacerse es: ¿es políticamente correcto seguir predicando la paz y la no violencia cuando tratamos con un gobierno cuyas prácticas nos han traído tanto sufrimiento y miseria a los africanos? No puedo y no voy a dar mi brazo a torcer mientras que ustedes, el pueblo, y yo, no seamos libres. Su libertad y la mía no pueden separarse...”

Volveré (Mensaje leído por su hija Zinzi en una reunión en Soweto en 1985).