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Opinión
El laberinto de los Acuerdos de Paz en Colombia
Tony López Rodríguez / Domingo 2 de junio de 2019
 

El pasado 27 de mayo se cumplieron 55 años del nacimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), organización guerrillera colombiana, integrada por un pequeño grupo de hombres y mujeres que, ante la injusta, abusiva y criminal política del gobierno conservador de Guillermo León Valencia, habían tomado las armas para defender sus pequeñas parcelas, en intricadas zonas de los departamentos del Tolima, Cauca y Huila y el Caquetá

Territorios que se hicieron famosos y blanco de la oligarquía colombiana cuando el senador Álvaro Gómez Hurtado, en noviembre de 1961 en las sesiones del Congreso denunció la existencia de unas “republicas independientes” que, según este dirigente conservador amenazaban la seguridad Nacional.

Gómez Hurtado se refería a los poblados de Sumapaz, Planadas, Rio Chiquito, Guayabero y Marquetalia, entre otros. Fue esta denuncia la que llevó al Gobierno colombiano con el apoyo de Estados Unidos, a diseñar una operación militar contra los territorios donde los campesinos se habían organizados como autodefensas frente a los abusos de la oligarquía agraria apoyada por el Gobierno.

Marquetalia fue el primer blanco de las fuerzas militares colombianas, con un fuerte apoyo de la fuerzas y oficialidad de Estados Unidos, y tomó el nombre de Operación Soberanía, la cual comenzó el 18 de mayo de 1964, el primer enfrentamiento se produjo en un lugar conocido como La Floresta el 27 de mayo, fecha que fue tomada por el pequeño destacamento, como el nacimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC).

El destacamento liderado por Pedro Antonio Marín, quien tomaría el nombre de Manuel Marulanda Vélez, en homenaje al líder sindicalista y comunista asesinado en 1950 bajo la dictadura de Laureano Gómez, por efectivos del Servicio de Inteligencia Colombiana, (SIC) en Bogotá.

A partir del combate en La Floresta, los integrantes de este destacamento integrado por campesinos, decidieron evacuar sus familias y presentarle combate a las Fuerzas Militares, que dirigidas por el coronel José Joaquín Matallana, solo pudo llegar al poblado el 14 de junio, casi 20 días después del combate del 27 de mayo. Las tropas gubernamentales solo encontraron cenizas, pues lo pobladores prefirieron incendiar sus viviendas, irse al monte e incorporarse a la lucha antes que entregarse.

Bajo el concepto de la unidad, levantado no solo por Manuel Marulanda, sino también por los fundadores de ese movimiento como lo fueron Isaías Pardo, Isauro Yosa, Jacobo Arenas, Jaime Guaracas y Hernando González, todos de filiación comunista, se decidió hacer la guerra de guerrilla y convertirse en un movimiento armado, eran apenas 48 hombres y mujeres y no fueron derrotados por una fuerzas de 16,000 hombres, asesorados por altos oficiales estadounidenses.

Solo la unidad planteaba Marulanda, será la que permitirá un triunfo popular y que revolucione la sociedad colombiana, que elimine la exclusión, erradique la pobreza, que se edifique una sociedad basada en la justicia social, que todos los colombianos y colombianas tengan acceso a la salud, la educación, la cultura el deporte y una vida digna, eso siempre será el objetivo de las FARC y así siempre debe ser, eso fue lo que dijo en Villa Nora, municipio de San Vicente del Caguán, el 8 de enero de 1999, cuando se reunió con los delegados extranjeros que habían asistido a la inauguración de los diálogos de paz con el Gobierno conservador de Andrés Pastrana.

En esa ocasión añadió: “nos preocupa que mientras el Gobierno habla de un proceso de paz con nosotros, a su vez firman acuerdos militares con Estados Unidos, qué paz es la que quieren, que no piensen que vamos a una Mesa de Diálogo, firmamos unos acuerdos y nos van a querer desarmar, eso jamás lo hará nuestra guerrilla, demorará mucho tiempo la entrega de las armas, no sin que antes se cumplan los acuerdos y especialmente la Reforma Agraria Integral”.

Agregó que tampoco concentraría sus fuerzas, dijo que “la desmovilización y la entrega de armas seria gradual y en proporciones limitadas, dijo que la garantía del cumplimiento de los acuerdos, estarían dados por no desarmarse”.

Hizo énfasis en la Unidad interna de las FARC-EP y dijo que “era un principio y base fundamental de la fortaleza político-militar que ellos han alcanzado, que ni ninguno de sus mandos pueden llevarse por discursos dulzones, que viene del Gobierno y de una oligarquía que ha demostrado sus posiciones traidoras, como lo fue con el asesinato del jefe de las guerrillas liberales, Guadalupe Salcedo luego de entregar las armas en la década del 50, o con la Unión Patriótica en la década del 80 y cuando nos bombardearon en Casa Verde, cuando se nos quiso comprar con unas pocas curules en el Congreso y nos negamos, en el Gobierno de César Gaviria”.

Respondiendo a la pregunta sí estimaba posible lograr la paz: “Marulanda, afirmó que ellos están por la paz, pero no a cualquier precio, que la paz tiene que lograrse para que se solucionen los graves problemas estructurales del país, que se debe cambiar el modelo económico neoliberal y cesar la entrega al capital extranjero en detrimento del capital nacional, que si bien ellos son una organización de filiación comunista, saben que no alcanzaran una Revolución Socialista, por ahora, pero sí lograr cambios y en lo económico-social que fortalezcan al país y no entregarlo al capital extranjero y en lo político que se respete a los opositores y no que se les asesine, como ha venido haciendo la oligarquía, usando a los paramilitares”.

Puso el ejemplo del asesinato del senador Manuel Cepeda, el intento de matar a la concejal Aída Abella y de varios defensores de derechos humanos, sindicalistas y periodistas.

En coincidencia con lo señalado por Marulanda, el ex presidente Andrés Pastrana en su libro Memorias Olvidadas, pag 23, señala, que “Jaime Garzón había sido nombrado alcalde menor del Sumapaz, se convirtió en un humorista político y fue asesinado en 1999 en un complot de paramilitares, políticos, narcotraficantes y militares que la justicia todavía no ha esclarecido”.

Mientras que antes de su asesinato, el comandante en Jefe de las FARC-EP, Alfonso Cano en una charla con integrantes de un Frente Guerrillero y cuando se hablaba de las posibilidades de iniciar conversaciones de paz con el Gobierno, expresó: hay que tomar en cuenta que “desmovilizarse es sinónimo de inercia, es entrega cobarde, es rendición y traición a la causa popular y al ideario revolucionario que cultivamos y luchamos por las transformaciones sociales, es una indignidad que lleva implícito un mensaje de desesperanza al pueblo que confía en nuestro compromiso y propuesta bolivariana.”

En el actual escenario y con un proceso de paz en curso, luego de la firma en Bogotá de los Acuerdos de La Habana, el pasado 24 de noviembre del 2016, la implementación de los mismos se ha visto obstaculizada por el gobierno del Centro Democrático, y de otros poderes del Estado, hay temas vitales no resueltos, como el económico, especialmente de la tierra; no se ha cumplido el acuerdo de la amnistía aprobado por el Congreso y la Corte Constitucional; el grave tema de los cultivos ilícitos, lejos de eliminarlo con firmeza, la producción de coca y amapola ha crecido a niveles altísimo, por encima de los 200 mil hectáreas, un asunto fuertemente criticado al presidente Iván Duque por el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump. Se continúan asesinando a exguerrilleros y lideres sociales.

Se ha tratado de boicotear la Jurisdicción Especial de Paz, (JEP) desde el Palacio de Nariño y la Fiscalía General de la República, como se apreció en el caso del ex comandante Jesús Santrich. El tema de las victima ha sido relegado, lo que indica que no existe voluntad política en el actual gobierno de realmente trabajar por la paz. Nada de lo arriba mencionado es falso y está más que conocido y verificado en los 10 meses del Gobierno del Centro Democrático, organización que siendo justos hay que decir que siempre estuvieron y están en contra de la paz, con el contradictorio argumento de no a la impunidad, impunidad que no puede ser atribuida a las fuerzas insurrectas, porque se están sometiendo a la JEP, no así los máximos responsables del terrorismo de Estado que impera en Colombia y que acaba de denunciar el diario New York Times.

Es por eso que hoy mas que nunca, los sectores democráticos, progresistas, amantes de la paz y la izquierda colombiana tiene que unir sus fuerzas en reclamar lo que significa el punto medular y estratégico para Colombia hoy: la paz, la reconciliación y la no repetición.

Dejar atrás las reservas y prejuicios personales y no anteponerlos a lo estratégico, es lo que debe ocupar la agenda de los revolucionarios en defensa de los Acuerdos de Paz. Denunciar las trampas y estrategias de sus enemigos, como el montaje que hizo la DEA en el caso de Santrich, con el fin perverso de destruir el proceso de paz, es un deber y no un llamado a volver a la guerra. No se puede ser ingenuo y el hecho de ser autocritico es la forma más honesta y valiente de defender la verdadera paz que requiere Colombia.