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Día del estudiante caído y la Flor de la Udenar
Jaime David Salazar / Lunes 10 de junio de 2019
 

Desde hace muchos años, en esta larga lucha por las reivindicaciones de los derechos de los más humildes, el sector estudiantil, universitario, siempre ha desempeñado un papel fundamental, vanguardista, implacable.

Estos valientes estudiantes que decidieron la necedad como principio, el sueño colectivo como meta, la alegría como musa, la revolución como camino, estas valientes personas que ahora nos dejaron sus ausencias han sido muy importantes en la historia de esta república obsoleta y en algún momento ocuparan en ella el lugar que se merecen.

El 8 y 9 de junio se celebra el día del estudiante caído, son muchos, son miles, son todos y cada uno de ellos los que hoy podrían estar a nuestro lado y por designios de un pequeño sector de la población que hacen lo que les da la gana, estos amigos brillan por su ausencia.

El día del estudiante caído, pienso y me es imposible no recordar a la compañera Adriana Benítez y estas hermosas palabras:

“No tenemos una certeza de lo que es la paz,
pero sabemos que la paz es vida
que la paz es vibrar,
que la paz es la libertad,
que la paz es la democracia”

Ella fue asesinada un 14 de octubre del 2000, ella era una líder estudiantil que logró traspasar los límites de la academia y se involucró directamente en las problemáticas de la población más humilde. Ella con otros tantos compañeros fundaron el movimiento estudiantil Radicales Libres, ella trabajo con las madres comunitarias, luchó por la rebaja en la tarifa del bus, ella, Adriana Benítez fue asesinada por el Estado paramilitar. Ella solo tenía 25 añitos.

Si Adriana Benítez viviera hoy tendría unos 44 años, no me cabe duda que hubiera sido una excelente política, una militante de la vida, una militante de la lucha de clases, de las reivindicaciones populares, un ejemplo.

Hoy, día del estudiante caído, toda una generación de pastusas y pastusos recordamos a Adriana Benítez, a esa líder que desbordó las luchas estudiantiles, sin importarle nada ni nadie, solamente su pueblo.

Cuando las ausencias son tan implacables terminan volviéndose horizontes.