Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Opinión
Los videos fantasiosos de Iván Márquez y Santrich
No es cierto que se alzan por cuenta de la traición de la oligarquía dominante. Con el lenguaje incendiario y fastidiosamente rimbombante que emplean, esperan justificar su concepción mesiánica y egocentrista de la revolución.
Gabriel Ángel / Viernes 6 de septiembre de 2019
 

Al fin pelaron el cobre. Sabíamos de tiempo atrás que sucedería, aunque siquiera insinuarlo daba origen al reproche enardecido de los cuatro gatos que los siguen. Iván Márquez y Jesús Santrich nunca fueron sinceros con la organización y mucho menos con el país. Tampoco lo son ahora, sus invocaciones y argumentos están impregnados de la misma falsedad de siempre.

Las aguas tiernas del Inírida y el aroma del Vaupés desde donde aseguran dirigirse al país, con toda seguridad se hallan a centenares de kilómetros de donde filman sus videos. Eso del sagrado derecho de los pueblos a levantarse en armas contra la opresión, podrá predicarse de los pueblos, nunca de unos cuantos fanáticos delirantes que obran en su nombre.

No es el pueblo colombiano el que funda una segunda Marquetalia. Ese pueblo no quiere más sangre, dolor, ni violencias, las condena, prefiere marchar aquí y en el exterior en defensa de los Acuerdos de La Habana, como se vio el pasado 26 de julio. Se observa asimismo en el rechazo abierto al disparate que le están proponiendo.

Tampoco es cierto que se alzan por cuenta de la traición de la oligarquía dominante. Con el lenguaje incendiario y fastidiosamente rimbombante que emplean, esperan justificar su concepción mesiánica y egocentrista de la revolución. Únicamente creen en el empleo de las armas para llegar al poder, lo de los incumplimientos del Acuerdo es tan solo un pretexto.

Se pavonean hablando del marxismo leninismo, un estribillo que interpretan como el inminente desplome del imperialismo norteamericano, el hundimiento inmediato del capitalismo y el inaplazable estallido de la revolución mundial socialista. La dejación de armas significa para ellos una traición a los pueblos latinoamericanos prestos a la insurrección continental.

En su parecer estos, desde la Patagonia hasta el río Bravo, sólo esperaban su grito de batalla. Un dictado que les llega directamente del Libertador Simón Bolívar, quien conversa con ellos desde los tiempos de sus sesiones de espiritismo en el Perijá venezolano, y quien ahora, según asegura Iván Márquez, lo designó legítimo heredero de Chávez y su obra libertaria.

Ni siquiera es cierto que estén protagonizando un alzamiento. No realizaron ninguna acción de índole militar, como correspondería a quienes lo promueven, al tiempo que aseguran que no dirigirán sus armas contra las fuerzas militares o de policía, a menos que sean agredidos. Es más, convidan a los militares a seguirlos como hermanos. Su revolución es un video.

Insinúan una guerra urbana, que desde luego suena a sus compatriotas de aquí como el estallido de carrobombas y el empleo del terror. Quizás aspiran a que la repetición de las tácticas de Pablo Escobar y el cartel de Medellín, obligarán a la oligarquía gobernante a rendirse. Ignoran que Escobar fracasó, que transcurrieron ya tres décadas, pero sobre todo que el país no es el mismo.

No se trata por tanto de los incumplimientos. La cuestión es más simple, siempre le apostaron a los diálogos y los posibles acuerdos, como una táctica para vincular más gente a su expedición armada, como el instrumento para propagar la guerra revolucionaria en las ciudades. Han sido incapaces de comprender el histórico significado de la solución política al conflicto armado.

Ahora tienen su guerrilla digital. No les dio más el calzón. Confiaban en tomarse la dirección del nuevo partido para preparar desde la capital el segundo Ayacucho. Así, con sus frecuentes parrandas y en medio de sus borracheras en Modelia, recogerían los cuadros necesarios para la conducción del aplastante alzamiento. No les salió como pensaban, es todo.

Ahora arman ruido por internet. Seguidos por un puñado de antiguos mandos guerrilleros que no están allí por el discurso de aquellos, del que deben burlarse a sus espaldas, sino por sus propias razones e intereses. Y soñando con cohesionar una multitud de grupillos hundidos en la descomposición y el crimen. Inevitablemente recuerdan a Javier Delgado y su grupo Franco.

Si no fuera por su locura, Iván y Santrich serían inofensivos. Lo que crearon en verdad fue una franquicia, las nuevas FARC, que cuanto grupo criminal quiera usará para cubrir sus fechorías. Una competencia para el clan del Golfo y las Águilas Negras.

Cabe preguntarse si esta nueva guerrilla, con discurso carcomido por el tiempo, avalará las amenazas de muerte y los planes de matar, fraguados por las disidencias que tachan de traidores a quienes firmaron y defienden los Acuerdos de La Habana. Su absurda aventura alimenta y fortalece el discurso y la acción violenta de la extrema derecha que dice combatir.

El ELN reclamaba furioso en La Habana el que Iván Márquez los hubiera identificado con los paramilitares unos años atrás. Conocen de su irresponsabilidad, no se le unirán. Uribe, en cambio, debe querer besarlo.