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Análisis
El paro en Colombia y su respuesta, una constituyente
Julián Granda / Martes 26 de noviembre de 2019
 

En medio del denominado diálogo, criticado por muchos sectores, incluyéndome; entre el Presidente de la República, Iván Duque Márquez y los Alcaldes y gobernadores electos. El de Medellín, Daniel Quintero Calle, sobresalió el domingo 24 de noviembre, al sugerir como medida para resolver las luces plebeyas en la calle, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, a partir de los siguientes ejes:

1. Solución al problema de la guerra con el ELN y las BACRIM [1].
2. Solución al problema de la industrialización del país.
3. Solución al problema de la educación y su cobertura.
4. Solución al problema de la salud y la corrupción. [2]

Dinamizada por:
• Gremios económicos.
• Estudiantes.
• Sindicatos.
• Partidos Políticos.

De inmediato, la propuesta generó controversia en redes sociales y medios de comunicación. Quienes la controvirtieron se ampararon en por lo menos las siguientes cuatro razones:
1. El pueblo no está educado para este proceso. Por lo tanto, es el escenario perfecto para la reacción colombiana. Primero hay que difundir la Constitución del 91; qué el pueblo la entienda.
2. La Convocatoria tiene la gran fuerza de desgastar y sofocar la calle. La sofoca porque la mete en asuntos jurídicos, improcedentes para el momento. La desgasta porque suma más elementos y se torna a todo y nada.
3. Una convocatoria de este tipo es improcedente: se tardaría cerca de 2 o 3 años. Pasando por plebiscito. Convocatoria y elecciones a sus constituyentes. ES decir, se quedaría el país en una inestabilidad socio política inaudita.
4. Antes de Convocar y crear una nueva constitución, es necesario desarrollar la del 91, cuya promesa está por realizarse.

Ante esto, es importante responder con otros puntos:

1. Los tiempos que corren son frenéticos, de aprendizajes rápidos, porque están expuestos a la práctica. El momento de la huelga en Colombia ha llevado a las multitudes a ensayar y fallar y volver a ensayar. De modo que los aprendizajes que no se han dado en 10 años, en 4 días se están desarrollando: en cuanto a participación, ensayo de formulas de vinculación y aceptación de la legitima y magnífica protesta. Aunque, aún no se han dado completamente.

2. La Asamblea Constituyente tiene dos vías. Aquella en la que la mayoría de los analistas se afincan: la positiva o jurídica. Esto implica la aceptación de las reglas del juego de la Constitución y sus leyes y decretos que la desarrollan. En términos generales, serían dos o tres años para comenzar a generar los primeros ejes. Pero también, en honor al artículo de Karl Marx, El robo de leña en el valle del Mosella, está aquella que responde a lo consuetudinario; aquella en la que el poder constituyente inicia de abajo arriba, constituyendo sus propias estructuras de representación; por fuera de lo instituido.

3. Sobre la coyuntura se han perfilado alternativas en esta vía. De hecho, líderes políticos y analistas políticos han destacado que para darle orientación al Paro Nacional es importante crear Asambleas Populares que legitimen la representación y clarifiquen los objetivos de la movilización. Desde el punto de vista político, esto quiere decir: poder constituyente decantándose y perfilándose. Por ejemplo, en Bello, Antioquia se realizó con éxito la primera Asamblea, cuyas conclusiones fueron: ampliar su base de participación.

4. Esta propuesta, sin embargo, no se ha logrado perfilar en el conjunto de la movilización y se ha encontrado con; por un lado, los grupos políticos y sociales que han reclamado el clamor de las calles, en virtud de su reunión antes del 21N y de su estructuración con representación nacional. Estos son el Comité o Comando Central del Paro Nacional. También, con la espontaneidad de los repertorios: sin acciones aún por decantar.

5. A pesar de esto, la ciudadanía sigue en las calles, con orientaciones espontaneas y sin claro eje articulador, por lo que las mismas se podrán mostrar reacias al diálogo nacional y desconfiadas de los resultados obtenidos que logre el Comando Central.

Sin embargo, una cosa parece clara sobre lo anterior. Una Asamblea Constituyente no se decreta, ni mucho menos se atiende a los tiempos y márgenes de lo constituido. Es más, como bien lo indica Antonio Negri [3], lo constituido se traga o instrumentaliza lo constituyente. Tal vez una expresión de lo anterior, aunque con muchas salvedades, fue la Constitución de 1991; un proyecto de país, frustrado porque lo constituido, las fuerzas que habían hegemonizado desde 1886, vencieron y aplicaron toda la desregulación que se vivenció desde entonces.

Así mismo, el poder constituyente no puede dejarse entrampar de propuestas como las de Quintero y otros movimientos políticos, reformistas y reaccionarios, quienes han concebido esta propuesta tal como el gobierno la ve: corporativa y gremial o, para mejor caracterización, monológica y esperpéntica; esto porque no son ni los gremios, ni los partidos políticos quienes están hoy en las calles; son las ciudadanías libres y los movimientos sociales. En este sentido, les corresponde a ellos liderar lo constituyente para instituir lo constituible.

Ante esto se tiene que advertir:

1. Evitar el lenguaje jurídico y el juego de lo constituido, de sus instancias y liderazgos.

2. No se trata el poder constituyente de procedimientos legales pre establecidos. Este crea sus estructuras y la propuesta sobre la mesa es la más viable, Asambleas Populares de abajo arriba.

3. Un modelo constituyente no tiene un único modelo. Sin duda el parlamentario y el corporativo constituyen la visión dominante, tanto en los sectores reformistas como los reaccionarios -piadosos burocracias incapaces de auto destruirse- pero existe otro, como el popular y asambleario revolucionario.

4. Finalmente, dependerá también su capacidad: de sus objetivos y de los liderazgos creados, que por el tiempo que vivimos, tendrían que ser controlados por las Asambleas y democracias directas que lo instituyeron.

De este modo, se está ante una formula que, por su virtud, tiene la capacidad manifiesta de resolver problemas de país pendientes por solucionar desde hace 200 años; por lo que es inoportuno su cuestionamiento.

Pese a lo anterior, estará por verse si las multitudes en la calle aclaran sus objetivos o permiten que los 10 puntos del Paro, guíen la movilización.

[1No menciona a los grupos vinculados al Acuerdo de Paz, traicionados por este, como las denominadas FARC-EP, que han asumido posición política bajo el mando de Iván Márquez.

[2En su carta se leen tanto los objetivos como los sujetos de la acción para realizarlo.

[3Ver el libro El Poder Constituyente.