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Mirador
Operación Jaque
Carlos A. Lozano Guillén / Miércoles 8 de julio de 2009
 

Un año después del éxito de la Operación Jaque, el Gobierno Nacional y los militares la continúan exaltando, con alcance paradigmático, en medio del delirio guerrerista y de los llamados a los rescates militares y del anuncio del “fin del fin” de la guerrilla colombiana.

Inclusive, le dedicaron una película en Discovery Chanel, transmitida con obligada cadena por la televisión pública y privada nacional, además de la versión triunfalista de la revista del Ejército, en la cual escribe, haciendo eco a semejante impostura, Gustavo Petro, en reflejo de su acelerada descomposición política con la cual cree que captará votos de la derecha en sus ambiciones electorales.

La Operación Jaque fue un duro golpe a la guerrilla de las FARC. No se sabe en qué caso fue peor. Si por el “engaño inteligente” del Ejército que logró convencer a los mandos que custodiaban al grupo de retenidos, encabezado por Íngrid Betancourt y los tres agentes estadounidenses para que se subieran al helicóptero, como lo presentan los altos mandos militares; o por el soborno a “César” y “Gafas” que facilitaron el éxito de la operación, tal y como lo asegura la guerrilla.

En cualquiera de los dos casos, el resultado es el mismo: la liberación de las 15 personas sin disparar un solo tiro. Fue una operación calculada y precisa, en la cual participaron agencias gringas, así el Gobierno Nacional y la embajada de Estados Unidos digan lo contrario. Ambos saben muy bien que es así, como también fue definitiva la participación estadounidense en el ataque al campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano.

Los abogados de “César” y “Gafas” renunciaron a la defensa, en el mismo momento en que se percataron que sus asistidos les ocultaron información, en particular el hecho que el computador del primero fue llevado por el FBI a los Estados Unidos, lo cual dejó en evidencia la participación de esta agencia.

Así, el cuento de la operación made in Colombia, como lo aseguran los generales, nada tiene que ver con la realidad y rebela, más bien, el grado de dependencia del gobierno colombiano y la conducción militar en el conflicto interno de los oficiales y agentes extranjeros. Con todo, la Operación Jaque es irrepetible. Eso lo saben tirios y troyanos. Salió bien, pero no hay segunda oportunidad.

En el futuro, si se desestima el intercambio humanitario, como lo hace Uribe Vélez, el turno es para los operativos militares de rescate, que bien se sabe ponen en serio peligro la vida de los oficiales y suboficiales en cautiverio.

En contraste, a pesar del triunfalismo oficial, crece la audiencia de los que quieren salidas políticas y negociadas. La última carta de las FARC en que anuncian la disposición a liberar un soldado profesional, junto al cabo Moncayo, es un buen gesto. La negativa oficial a permitir la integración de la misión humanitaria saca a flote el resentimiento del inquilino de la “Casa de Nari”.