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Carta abierta a las organizaciones de reinsertados
Reconocer la naturaleza política de la insurgencia colombiana es emprender con certeza el sendero de la reconciliación y la paz
Luis Alberto Matta / Miércoles 21 de octubre de 2009
 

Estimadas amigas y amigos reinsertados: soy radicalmente pacifista y como tal no puedo ser neutral en relación con el conflicto social y armado colombiano, pues hago parte de los humanistas latinoamericanos y del mundo, que claman por una alternativa de solución política y pacífica del prolongado conflicto interno en Colombia.

Así pues, que condeno todos los crímenes cometidos por quien sea, y principalmente condeno la guerra, por cierto una guerra dolorosa y fratricida impuesta por el régimen oligarca. Mi compromiso es únicamente con la paz, el DIH, con los derechos humanos, y con el acuerdo humanitario que facilite la libertad de los cautivos. Coincido con los sociólogos, politólogos e historiadores que afirman que tildar a los sectores revolucionarios del ELN, y a las FARC-EP como amenazas terroristas es favorecer a los mercaderes de la guerra.

Reitero que la paz en mi país es un objetivo alcanzable sólo mediante la solución política del conflicto social y armado, una guerra que ha enfrentado por medio siglo a la Colombia negada e insurgente con la Colombia latifundista, rencorosa y corrupta del statu-quo que gobierna.

Mi postura es diáfana: ¡Reconocer la naturaleza política de la insurgencia colombiana es emprender con certeza el sendero de la reconciliación y la paz! ¡Y de paso es reforzar la urgente necesidad de una América Latina estable y soberana, sin intervencionismo y amenazas extranjeras!

Utilizar el pretexto del narcotráfico para agudizar la guerra en Colombia es un argumento que beneficia políticas imperiales, conocedoras de que este fenómeno es responsabilidad del capitalismo contemporáneo basado en países desarrollados, alimentado por la codicia bancaria y por el consumo de sociedades enfermas. Los campesinos cultivadores de coca y amapola son inocentes, y las guerrillas que se mueven por esos territorios no están en condiciones de adelantar una reforma agraria que resuelva la pobreza del campesinado y de las comunidades indígenas, y el eslabón de los cultivos.

Hoy, inclusive, buena parte de los cultivos de coca han pasado a control de latifundistas que apoyan la seguridad democrática del gobierno Uribe. El resto de la cadena productiva, transporte, distribución y captación de millonarios recursos por la droga es responsabilidad de corporaciones y mafias internacionales, no pocas veces benefactoras o ligadas a gobiernos.

Sólo a los mercaderes de la guerra, abiertos y asolapados, les conviene sembrar dudas sobre el proyecto revolucionario, socialista y bolivariano de la insurgencia colombiana. Por eso lamento profundamente recibir mensajes grotescos y amenazantes a causa de mi postura contra la guerra. Pero igualmente celebro haber recibido más de medio millar de correos apoyando mis criticas a Gustavo Petro, criticas que aclaro no son contra las organizaciones de reinsertados. Ni más faltaba. Les respeto y les admiro por su decisión de paz.

Mis reproches son bien fundamentados y concretamente dirigidos a ciertos reinsertados capaces de cualquier cosa en aras de lograr sus ambiciones o conservar privilegios. Los hay periodistas, bien remunerados investigadores, funcionarios del Gobierno, empleados de consulados, e inclusive asesores públicos de los escuadrones paramilitares. A ellos los critico y les conmino a reconsiderar su decepcionante actitud.

En cuanto a Gustavo Petro lo considero un hombre estudioso y valiente por sus denuncias, pero le critico francamente sus acostumbradas volteretas para congraciarse con la ultraderecha mafiosa que tanto critica.

No sólo porque endiosado por los medios de la oligarquía Petro contribuye con mentiras, bajezas e insultos a menguar las posibilidades de diálogos de paz con la insurgencia, sino principalmente por decisiones tan lamentables como promover la elección del actual Procurador General de la Nación, doctor Alejandro Ordóñez, un funcionario que en vez de vigilar y defender las garantías y los ddhh como indica su mandato y la Constitución Nacional, parece más interesado en defender las tropelías y abusos del uribismo, cuyo gobierno pasará a la historia como el más corrupto y peligroso de la historia republicana de Colombia.

También critico que se desconozcan las decisiones del congreso del Polo Democrático, que nos orientaron desde febrero pasado a la designación de un candidato propio de la izquierda colombiana. Y me refiero a la izquierda legal, consciente de que un 60% del total de la izquierda colombiana, como sabemos, no participa en procesos electorales porque el régimen se lo impide. Basta con recordar el rol del paramilitarismo, la guerra sucia y el terrorismo con que se ejecutó el genocidio contra aquella esperanza de paz que representaba la Unión Patriótica (UP).

Petro sería quizá un excepcional candidato presidencial si en cambio de maquillar adoptara el verbo transformar… Sería entonces un líder comprometido con la paz mediante la solución política del conflicto, aliado de las corrientes soberanistas, democráticas, emancipadoras y bolivarianas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, y podría ser un buen presidente para Colombia, pero proyectos tan elevados y de izquierda “incorrecta” según su concepción, le quedaron grandes. Lamentablemente escogió el camino del tracalero arrepentido, que busca con desespero ser perdonado y aceptado.

¡Recapacite, senador Petro, la historia aún lo espera!

Luego entonces, queridos amigos de las organizaciones de ex guerrilleros reinsertados, mis críticas no son contra ustedes en general. Sé que diversas organizaciones de desmovilizados realizan trabajo comunitario y perseveran en la lucha por la democracia y la paz, sin ceder a las lentejas que ofrece el Gobierno. Inclusive siendo funcionarios públicos.

Me complace tener grandes amigos que en el pasado fueron militantes del ELN o del M-19, y con ellos compartimos las opiniones expresadas, pues ven con desconfianza a los corruptos que se han beneficiado de los privilegios sin acordarse de sus ex compañeros de armas, la mayoría sumidos en la pobreza y el olvido.

Así respondo a tres de los mensajes recibidos, que desde Cali, Bogotá y una ciudad europea, me instan a investigar y reconocer que no todas las organizaciones de reinsertados hacen, o son lo mismo.

A la par invito a la compañera que desde Montreal me escribe amenazante y criticando airadamente el que mis notas periodísticas sean publicadas por Anncol, sugiriendo irresponsablemente que ese es un medio al servicio de las FARC. Se equivoca, compañera, no le creo a su imprudente ligereza, ya que ningún editor o coordinador de esa importante agencia de prensa, que por cierto no les conozco personalmente, jamás me ha escrito sugiriendo pertenencia alguna.

Por el contrario, me tratan con distancia y profesionalismo, y me alegra que no hayan censurado mi crítica a las infracciones que contra el DIH comete la insurgencia. Además compañera, le dejo saber que me cansé de enviar análisis y puntos de vista a medios informativos en Colombia controlados por el oficialismo que, por considerarme genuino opositor al régimen uribista, nunca han contemplado publicarme. Caso contrario les sucede a personajes y periodistas como Eduardo Pizarro, Otty Patiño, León Valencia o Luis Eduardo Celis.

Por su parte, Rebelión, la Agencia Prensa Rural, Radio Café Stéreo, la Agencia Bolivariana de Prensa ABP Noticias, Kaos en la Red o Resumen Latinoamericano, la Agencia Latinoamericana de Información ALAI, y Anncol, entre otros medios independientes y alternativos, me han abierto sus puertas con generosidad, medios con un gran reconocimiento internacional en el movimiento popular, conformados y dirigidos por respetables profesionales al servicio de la comunicación, en el que, unos tal vez con un estilo más elevado y profesional que otros, contribuyen en conjunto a romper los cercos informativos y hacen eco del diverso movimiento por la paz, la justicia y la emancipación de los pueblos que hoy recorre al mundo.

Sólo a quienes les interesa y conviene un factor de desestabilización, dominación e injusticia en América Latina promueven la guerra. Pienso que la paz debe convertirse en un patrimonio ético y moral de nuestros pueblos. Nos corresponde trabajar unidos y arduamente para consensuar la paz, que no es otra cosa que imponer la vigencia efectiva de los derechos humanos en forma integral.

De ustedes atenta y fraternalmente,

Luis Alberto Matta