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Café, ingreso inseguro
Aurelio Suárez Montoya / Lunes 19 de octubre de 2009
 

El café es el primer producto agrícola de Colombia. Es el 29% del área sembrada, es algo menos del 50% de las exportaciones agropecuarias, el 10% de las tradicionales, que incluyen petróleo, carbón y níquel y es el 5% las ventas totales al exterior. Es el 31% del empleo rural, ocupa a dos millones y medio de personas, y su estructura productiva es de 550.000 familias, el 95% de ellas con cafetales inferiores a 5 hectáreas.

Desde que se rompió el pacto internacional de cuotas y de precios en 1989, la cotización del café ha tenido gran inestabilidad. A esa “volatilidad” -como dicen los expertos- debe agregársele otra: la que causa el valor del dólar, que se mueve en constantes subas y bajas, como una montaña rusa. El precio interno que reciben los productores no depende de si pueden o no cubrir los costos de producción sino del valor del peso frente al dólar y del valor al cual se cotice la libra de café en los mercados especulativos, a futuros, en Wall Street y similares. En Colombia esa política se ha defendido incitando a la pobrería rural a “ser competitiva”, dejándola a su suerte.

Pese a los juegos pirotécnicos con los que fue despedido Gabriel Silva de la Federación de Cafeteros, el estado de postración en el cual dejó a la caficultura nacional es dramático, un resultado cada vez más triste de esa política de “libre comercio” que no puede llevar a la primera industria agrícola a puerto seguro. Hay que remontarse hasta agosto de 1981 para encontrar un nivel de producción más bajo que el de ese mismo mes en 2009; o a abril de 1975, casi 35 años atrás, para hallar una producción inferior a la de abril del presente año. Los estimativos del volumen de cosecha para 2009, 9,3 millones de sacos, se asemejan a los del 2000, diez años perdidos.

No sólo lo anterior. Aunque parezca insólito, Colombia ya no es el tercer exportador de café del mundo; ese sitial lo ocupa ahora Alemania (¡sí Alemania!) que, aunque no tiene sembrada una sola planta de café en su territorio, a punta de reexportar más de la mitad de lo que importa, colocó entre agosto de 2008 y julio de 2009 más sacos en el mercado mundial que Colombia: 10’ 692.758 contra 9’794.120. Como si fuera poco, las importaciones oficiales de café hacia Colombia, venidas de Perú, Ecuador y de quién sabe donde más, entre enero y julio de 2009, se acercaban a 350.000 sacos; en tanto, miembros de Federacafé han advertido que otro tanto llega de contrabando ante la escasez de subproductos para atender el consumo interno.

Por todo esto resulta incomprensible cómo en la piñata de Agro, Ingreso Seguro, el café es un convidado de piedra, casi todo es para caña de azúcar, palma de aceite, flores y banano. Por ejemplo, en el programa de apoyo al crédito, mientras el promedio para el sector cafetero es de un millón de pesos, en palma de aceite es de $38 millones y, en cuanto a los poquísimos cafeteros beneficiados con ICR, el subsidio recibido es de $12 millones, mientras en la palma de aceite es de 1.234 millones, cien veces mayor. Una más, el apoyo oficial en 2007 por hectárea de palma fue de $5,3 millones, para la de café fue de apenas $117.000¿No se comete acá una iniquidad más en Agro, Ingreso Seguro cuando se escogen los cultivos para ser beneficiados y no se seleccionan acorde con su importancia en el sector, ni la pobreza de quienes lo componen?

Coletilla: No a todos en la zona cafetera les fue mal con el AIS; la senadora uribista, de la U, María Isabel Mejía, se ganó un “apoyito” a sus créditos en 2007 por 112 millones, una quinta parte de todo lo que fue aprobado para Risaralda por ese rubro en ese año. ¡Cuánta equidad!