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La prohibición del consumo
"La prohibición tampoco tiene injerencia en los niveles de crimen. Estados Unidos posee una de las leyes más punitivas contra la droga y, sin embargo, cuenta con índices de criminalidad mucho más altos que varios países europeos cuyas leyes sobre el tema son más flexibles"
Pien Metaal / Lunes 28 de diciembre de 2009
 

En contra de la tendencia regional, Colombia prohibió el consumo de drogas. Afortunadamente, la propuesta no incluye la imposición de sanciones criminales a los consumidores. No obstante, la aprobación de dicha enmienda constitucional fue un paso poco sensato, inefectivo y significa un retroceso para el país.

La propuesta de prohibición va en contra de lo que una ola de países, incluyendo Brasil, México y Argentina, ha identificado ya como mejores prácticas para abordar el tema del consumo y porte de drogas. Las evidencias disponibles muestran que las leyes no tienen ningún impacto en los niveles de consumo. Por ejemplo, en los Países Bajos, en donde a los adultos se les permite la compra de marihuana en establecimientos comerciales, se consume menos que en Francia, Gran Bretaña y España, que tienen políticas de drogas más estrictas. Si bien es cierto que el consumo de droga se ha incrementado en Colombia en los últimos años, también lo es que este fenómeno no es exclusivo del país. La tendencia regional es de un aumento, lo cual no tiene una relación causal con los cambios legislativos.

Este es un fenómeno en sí mismo, con sus propios ejes. La experiencia nos enseña que su prohibición no rinde los resultados esperados. Hay mejores métodos para reducirlo, y entre los más efectivos están la prevención y el tratamiento no obligatorio. Por prevención se debe entender no solo las campañas de educación, sino los proyectos de desarrollo que proveen empleo y servicios sociales a la ciudadanía y que permiten a las personas vivir vidas plenas. Adicionalmente, para mitigar los daños del consumo problemático -el cual es la menor parte del consumo total- es indispensable no involucrar a los sistemas judicial y policiaco, los cuales no están equipados para lidiar con un problema cuya naturaleza es de salud, además de que las personas que sí deseen ayuda se pueden ver desalentadas para buscarla por temor a involucrarse en dificultades con la justicia.

La prohibición tampoco tiene injerencia en los niveles de crimen. Estados Unidos posee una de las leyes más punitivas contra la droga y, sin embargo, cuenta con índices de criminalidad mucho más altos que varios países europeos cuyas leyes sobre el tema son más flexibles. Adicionalmente, los sistemas de justicia, al verse abrumados por este número de ofensores, por lo general no violentos y que no dañan a terceros, dejan de enfocarse en las cabecillas del narcotráfico, quienes sí están detrás de la violencia y la corrupción que dañan a la sociedad. Incluso, esta prohibición puede, sin intención, fomentar la corrupción, al ampliar la jurisdicción de la policía con la capacidad de multar el consumo.

Por estas razones, varios países latinoamericanos están reformando sus leyes de drogas en torno a la descriminalización del consumo. Ecuador, que tenía una de las normas más duras del continente, ha marcado en su nueva Constitución del 2008 que los consumidores nunca serán criminalizados. México, que enfrenta un fuerte desafío del narcotráfico, descriminalizó el porte de pequeñas cantidades de drogas para consumo propio. Incluso, Estados Unidos, país que ha mantenido una de las políticas más represivas del continente y exportado su modelo, está empezando a dar señales de cambio. Recientemente, la administración de Obama les solicitó a los procuradores estatales que no se persiga más a los vendedores de marihuana medicinal en los 14 estados en donde se permite esta actividad.

Colombia tiene mucho que perder con esta enmienda: se corre el riesgo de estigmatizar a los usuarios, desviar el enfoque de los sistemas de justicia y generar corrupción. Mejorar la prevención y los servicios de salud hubiera sido apostar a algo mucho más efectivo: hubiera sido apostar a la evidencia.