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Sin olvido
Conmemoran masacre de El Salado
Alberto Bermúdez / Miércoles 24 de febrero de 2010
 

En el año 2000, aproximadamente 350 miembros de grupos paramilitares al mando de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, tomaron por las armas y emplearon vías terrestres, fluviales y aéreas para ingresar y desplazarse por la zona, con la aquiescencia y participación de agentes del estado colombiano, penetran en la región de Los Montes de María, causando desplazamiento forzado de más de 1.500 familias en los corregimientos de Canutal, Canutalito y Flor del Monte, jurisdicción del municipio de Ovejas (Sucre), pero entre el 15 y 19 de febrero del mismo año en el corregimiento de El Salado, jurisdicción del municipio de El Carmen de Bolívar, estos grupos armados asesinan a un número indeterminado de campesinos que sobrepasan el medio centenar, muy a pesar que los campesinos de la zona alegan que las autoridades se encontraban al tanto de la presencia y el accionar de grupos armados al margen de la ley en la zona.

Se indica que el 15 de febrero de 2000, el director seccional del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de Bolívar envió un oficio al comandante de la Primera Brigada de Infantería de Marina alertándolo sobre el inicio de acciones de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el área comprendida entre los municipios de San Jacinto y El Carmen de Bolívar e indicando además que, según la información recopilada, el grupo operaría inicialmente con un número aproximado de entre 80 y 100 hombres. Se alega que a pesar de esta alerta no se habrían adoptado acciones destinadas a proteger a la población civil.

Sólo por citar un solo caso de la horrenda masacre, como para dejar constancia del terrorismo de estado del cual viene siendo objeto la población más pobre de Colombia, y como en aquella oportunidad el contralmirante Rodrigo Quiñónez Cárdenas y el teniente coronel Harold Afranio Mantilla Serrano perseguían a rebeldes por un lado para que por el otro Carlos Castaño y Salvatore Mancuso asesinaran vilmente a la población del Salado, hoy esos mismos paramilitares estén sembrando el terror ya no solamente en el campo sino también en las ciudades y este gobierno desde sus confortables oficinas vociferan el fin del paramilitarismo en Colombia.

“A la madre comunitaria [Rosmira] la cogieron y la amarraron con una cuerda en la cabeza, en cada lado de la cuerda dos paramilitares jalaban hasta que la ahorcaron antes le cortaron las orejas y para que sintiera dolor, le amarraron una bolsa alrededor de la cabeza, la chuzaban con cuchillos, le cortaron el cabello, le pegaron y luego la acribillaron a balazos”, fue uno de los tantos cuadros de barbarie de los paramilitares, en la actualidad tratados con tanta consideración por el gobierno de Uribe Vélez, que les benefició con la ley de "justicia y paz".