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¡Cero y van 283!
Otro indigena fue asesinado en Atánquez, capital del resguardo kankuamo
Organización Indígena Kankuama / Martes 17 de julio de 2007
 

A ocho días del Encuentro Nacional de Víctimas pertenecientes a
organizaciones sociales, el pueblo kankuamo es afectado nuevamente por el
flagelo de la violencia.

Ayer, 16 de julio, cuando se disponía a dormir, a eso de las nueve de la
noche, en las periferias del barrio Medellín, en Atánquez, capital del
resguardo kankuamo, el indígena José Trinidad Martínez Pacheco fue
ultimado a bala.

Según testigos, el indígena kankuamo recibió más de seis disparos que le
produjeron la muerte de manera instantánea.

"Este es un nuevo hecho que enluta al pueblo kankuamo.Pese a que Martínez
Pacheco desde hace más de un año estaba desarticulado de la Organización
Indígena Kankuama (OIK), en su momento fue valioso su aporte en la
reconstrucción de la memoria histórica del pueblo Kankuamo y sus usos
tradicionales
", dijo el Cabildo Gobernador de la OIK, Jaime Enrique Arias
Arias, quien a su vez ratificó que el lamentable hecho es preocupante, ya
que el asesinato del indígena fue en pleno casco urbano de Atánquez,
mientras gozaba de la protección del estado, lo que evidencia que seguimos
inmersos en el conflicto armado, que la Hoja de Cruz sigue cobrando
víctimas, pese a las medidas cautelares y provisionales de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

La Organización Indígena Kankuama rechaza y condena enérgicamente este
execrable crimen, exhorta y demanda del estado colombiano que vele por la
integridad física, social y cultural del pueblo kankuamo, que cumpla
además con las recomendaciones de la CIDH, y que este caso al igual que
las 280 victimas más que abona la memoria colectiva del pueblo kankuamo
sean esclarecidos los móviles y judicializados los responsables, de manera
oportuna, para que la impunidad no siga campeando en nuestros territorios.

José Trinidad Pacheco Martínez, comúnmente conocido como "José Munda", en
honor a su madre la señora Raymunda Martínez (señora Munda), deja una hija
que engrosa la ya larga lista de huérfanos y viudas del etnocidio del
pueblo kankuamo.

A esta hora no se conoce el día, hora y sitio de su sepultura del indígena.