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Bolívar siempre presente: 20 de julio, día de resistencia
Johnson Bastidas / Viernes 20 de julio de 2007
 

La historia de Colombia se debe escribir de nuevo o reescribir. Siempre nos han mostrado un Bolívar militar, sus gestas pudimos leerlas en los libros de primaria, batallas y más batallas en pro de la libertad. Sin embargo, existe un Bolívar desconocido, es el Bolívar humanista, internacionalista y sobre todo el Bolívar antiimperialista.

Es a ese Bolívar que homenajeamos hoy. Desde tiempos inmemoriales las patrias bolivarianas han tenido que soportar la arremetida y la rapiña de las potencias europeas y de los Estados Unidos. Sus destinos han dependido de lo que han hechos sus hijos para defenderla, o del silencio cómplice de ciertos latinoamericanos que, ciegos ante los imperios se han adherido a pensar como ellos y han defendido los intereses foráneos, para luego recibir las migajas del gran pastel del saqueo. Bolívar se opuso a eso y defendió con decoro la soberanía del suelo latinoamericano. Hoy, vemos como ciertas elites criollas se venden por un plato de lentejas, por una visa o simplemente por lacayos. El TLC hoy, nos da un ejemplo de cómo ciertas elites criollas se ponen las rodilleras para acabar con el campo colombiano, para comprar productos que podemos producir, para dejar desamparados a nuestros trabajadores. Ha sido tan profunda su traición a la patria que senadores estadounidenses han tenido que salir en la defensa de los trabajadores colombianos.

Contrasta esto con la dignidad de nuestros hermanos de la Republica Bolivariana de Venezuela que han defendido con decoro su soberanía, como lo hizo Bolívar, con la espada desenvainada frente al tirano. La última intervención del canciller venezolano Nicolás Maduro en la sección de la OEA, hizo que Condolezza Rice abandonara el recinto, -elle acostumbrada como está, a ser recibida de rodillas por los Santos, por los Uribes y los vendepatrias colombianos- no resistió la dignidad del canciller venezolano.

Y desde tiempos inmemoriales, desde que Bolívar soñó la Patria Grande, los conspiradores siempre han estado ahí, los Carmona Estanga, los Juan Manuel Santos, herederos de los traidores de Bolívar, siempre han estado ahí, agazapados al acecho, son los santanderistas que la historia oficial ha presentado como héroes, cuando en realidad no son ni chicha ni limonada. Nunca ellos han pertenecido al pueblo.

Bolívar creyó siempre en el pueblo, por eso no aceptó que existiesen reyes con poderes divinos emanados de la nada, la soberanía emana del pueblo y es el pueblo el que manda. El pueblo es portador de su destino, y la legitimidad del poder está ligada a la noción de ciudadanía. Pero no a la ciudadanía de papel como aquella que tenemos hoy en Colombia, donde todos somos iguales ante la ley, pero la justicia no existe para los pobres. Las cárceles colombianas hoy están llenas de pobres, de aquellos que no han tenido para pagar un abogado. Los de cuello blanco, en cambio están en el parlamento colombiano, en las altas esferas, o esos otros con licencia para matar y masacrar a punta de motosierra, y que hoy cuentan con la impunidad del gobierno uribista e incluso muchos serán candidatos para las próximas elecciones.

Bolívar siempre fue consecuente con la voluntad del pueblo, por eso se indignó ante la tiranía y no solamente se indignó, sino que tuvo el coraje de luchar contra ella. No podemos olvidar que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre contempla el derecho a la resistencia contra la tiranía.

Bolívar, indignado contra la tiranía, impulsó leyes que han quedado como patrimonio para la historia: La abolición del pago de impuestos por los indígenas (Ley del 20 mayo 1810), la Iglesia tenía en este impuesto la principal fuente de financiamiento. Por eso la respuesta de esta institución, siempre ligada al poder, fue la excomunión de Bolívar por los obispos de Santafé de Bogotá, Caracas, Popayán, entre otros. Si Bolívar viviera hoy, llevaría a la justicia a tanto cura pedofílico que anda suelto y tanto cura que ha bendecido el dinero de narcotraficantes y paramilitares.

Quiero contarles uno anécdota histórica que ilustra esto, el Jueves Santo, 26 marzo de 1812 se produjo un terrible terremoto que casi destruyó Caracas, allí murieron mas de diez mil personas en La Guaira, San Felipe, Barquisimeto y Mérida (Herrera 2001: 585), estas ciudades eran bolivarianas. El cura del pueblo aprovechándose del miedo, maldijo a los bolivarianos, explicando que el terremoto era castigo de Dios porque los seguidores de Bolívar se habían alejado de Dios al levantarse en armas contra el rey Fernando VII. Es decir, si no nos oponemos a la tiranía somos buenos hijos de Dios. Pobres de Colombia, resignaos ante la pobreza, que en el reino de los cielos se distribuyen mejor el PIB, no se paga impuestos, y todos tenemos derechos a la educación pública.

La herencia de Bolívar es inmensa, se opuso contra la esclavitud y por eso la abolió el 21 julio de 1821, contrario a lo ocurrido en otros países, como en Brasil donde las elites locales la mantuvieron hasta 1888. Abolió la constitución de Cúcuta (con el decreto del 27 de agosto de 1828), pues esta concebía el derecho a elegir y ser elegido ligado a la propiedad. Con el decreto del 15 de octubre de 1828 Bolívar realizó la devolución de tierras a los indígenas, usurpadas por el colonizador y por las elites de ese momento. Es decir, es la primera reforma agraria de la cual tenemos noticia, esa misma reforma agraria que las burguesías terratenientes de Venezuela y Colombia siempre se han negado a hacer. Es urgente la aplicación de la ley de tierras en Venezuela, y es urgente que en Colombia el pueblo pelee en las calles la reforma agraria, para que nuestros campesinos no abandonen el campo y se vayan a engrosar los cordones de miserias de las grandes urbes. Hoy en Colombia tenemos el deshonroso honor de ser uno de los países con más desplazados en el mundo, ciudadanos sin ciudadanía, extranjeros en su propio suelo. Y para cerrar el cuadro con broche de oro, los productos de pan coger comienza a ser importados, y nuestros suelos se llenan de palma aceitera y megaproyectos de las multinacionales.

Bolívar nacionalizó las minas (Decreto 24 octubre 1829), y hubiese nacionalizado hoy el petróleo. Creemos que Bolívar se hubiese opuesto a la privatización de Ecopetrol, y tenemos la certeza de que él estaría aplaudiendo a Evo Morales y Hugo Chávez porque sacaron corriendo a las multinacionales, para sembrar el petróleo como debe ser, es decir, para que el pueblo pueda ver traducido su riqueza en educación, salud, servicios públicos.

Nosotros, ciudadanos comunes y corrientes estamos llamados a redescubrir a Bolívar, y seguir su ejemplo, pues como le dijo éste a Páez en su momento: ¡Lo imposible es lo que nosotros tenemos que hacer, porque de lo posible se encargan los demás todos los días!

Hagamos lo imposible, sembrando espacios de unidad y transmitiendo el legado del Libertador a las nuevas generaciones de latinoamericanos, no dejemos que los lacayos latinoamericanos se apropien de Bolívar, enseñándolo como un héroe sin pueblo. Estamos cansados de esos héroes de pacotilla. Para recuperar, la verdadera esencia de la ciudadanía tenemos que apropiarnos del pensamiento bolivariano, pues como reza un grito en la calle “en Bolívar nos encontramos todos”.