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La Perla Amazónica: Una Zona de Reserva Campesina en el Putumayo
César Jerez / Lunes 11 de abril de 2011
 

Fundador y redactor de la Agencia Prensa Rural. Geólogo de la Academia Estatal Azerbaijana de Petróleos (exURSS). En Bakú obtuvo una maestría en geología industrial de petróleo y gas. Es profesor y traductor de idioma ruso. Realizó estudios de gestión y planificacion del desarrollo urbano y regional en la Escuela Superior de Administración Pública -ESAP de Bogotá. Desde 1998 es miembro de la ACVC. Actualmente coordina el equipo nacional dinamizador de Anzorc. Investiga y escribe para diversos medios de comunicación alternativa.

Después de 12 horas continuas de aguacero, finalmente pudimos aterrizar en el Putumayo. Una hora más en motor canoa, río abajo, y arribamos al destino. El destino tiene un nombre bello, se llama la Perla Amazónica, un corregimiento de Puerto Asís. Ahora, mientras hablamos, reunidos todos de pie, a nuestras espaldas transcurre silencioso el poderoso Río Putumayo, lleno bagres y bocachicos. Más abajo, muy cerca de acá, sus aguas se encuentran con la tensionada, por la guerra, frontera con el Ecuador.

En la vereda Bajo Cuembí, 100 campesinas y campesinos se encuentran reunidos en un espacio temporal humanitario desde hace 10 días, protestan en un paro pacífico indefinido, se solidarizan con las comunidades campesinas vecinas acampadas en el Quebradón, todos juntos exigen el cumplimento de los acuerdos firmados por el ministerio del Interior y las autoridades regionales el 23 de Diciembre de 2009, en materia de inversión social, también exigen el mejoramiento de la situación de derechos humanos y alternativas reales a la erradicación forzada de los cultivos de coca.

Este territorio verde, compuesto por 22 veredas, en una extensión de 22.000 hectáreas, con unos 4.000 habitantes, constituye la Zona de Reserva Campesina (ZRC) de la Perla Amazónica. Su gente está organizada en la Asociación de Desarrollo Integral de la Perla Amazónica – Asodispa, organización que se ha puesto al hombro la reactivación de la única ZRC en el sur del país.

El paro implica la parálisis del transporte por el río, así que mientras oscurece, el Río Putumayo se asemeja a una enorme y solitaria culebra negra que se pierde en la noche.

La mañana siguiente es anunciada por los gallos y de nuevo la lluvia. Los campesinos de acá, como los de todas partes, madrugan demasiado. Las cachamas prometidas por Alirio demoran más de lo previsto, así que el desayuno se resuelve con huevos criollos. Era necesario continuar la reunión interrumpida por el arribo de la noche.

Hay muchas inquietudes en el campesinado alrededor de lo que será la reactivación de la ZRC, pero hay un consenso compartido, de ir para adelante con la construcción del futuro de esta región de la mano de la ZRC.

Antes hay que vencer muchos desafíos: la corrupción y la inoperancia de las administraciones locales, la precaria presencia institucional, los impactos del Plan Colombia, la presencia de los cultivos de coca, la presión de las empresas petroleras y de otras multinacionales, la permanencia de la guerra.

Varios campesinos manifiestan querer volver a sus casas a ver por sus familias, sus animales y sus cultivos. La asociación ha organizado turnos para garantizar la protesta, los jóvenes escuchan con atención a los veteranos, pero el resultado del paro es incierto.

El paro se da en una coyuntura especial, es necesario reactivar en estos momentos la ZRC y volver a creer en ella, volverla el elemento cohesionador en la lucha por la tierra en este sector del Putumayo, para poder resistir. “Nos quieren sacar de acá” - dice un campesino. Janet, la curtida dirigente de Asodispa, hace un llamado desesperado a no dar el brazo a torcer: “Esta es nuestra tierra” - les dice.

Debemos terminar la reunión, debo alcanzar un avión de regreso, amaga de nuevo con un aguacero. En la canoa, durante dos horas, remontando el majestuoso Río Putumayo, repaso una y otra vez el paisaje puro y la magnitud de la lucha de esta gente. A mi lado, una vieja campesina me narra su vida en esta tierra, la canoa se convierte de pronto en un aula y su voz en el hilo conductor de la historia reciente del Putumayo. Sus palabras parecen sentencias definitivas que se escapan con la brisa del río. “Nuestra desgracia consiste en la riqueza de esta tierra, siendo pobres. Han matado mucha gente. Vamos a empujar de nuevo la Zona de Reserva Campesina, solo queremos que nos dejen”.