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Entrevista al gran Quintín Lame
Jorge Montenegro / Domingo 19 de agosto de 2007
 

Como un esfuerzo por presentar de manera didáctica algunas ideas centrales del pensamiento del gran líder indígena Quintín Lame, presentamos a continuación una entrevista imaginaria que surge por el anhelo de dar a conocer quién fue Quintín y qué representa para la lucha indígena hoy día. Como lo diría él mismo, una de las mejores armas de lucha es la preparación intelectual, el conocimiento. Y Quintín Lame dejó los principios de una lucha con fundamento, con criterios válidos que ameritan ser actualizados y convalidados por nosotros hoy día. La voz del "hombre que se educó en las selvas" es un llamado perenne a no dejar sola a la madre tierra y a librar una batalla justa por lo que nos pertenece. Las palabras del Quintín Lame nos hablan al corazón, escuchémoslo.

J.M. Primero que todo, buenas tardes.

Q.L. Buenas tardes. ¿Qué lo trae por aquí?

J.M. Bueno, resulta que en un lugar de Colombia han querido reunirse para conmemorar su vida y su obra. Por este motivo he venido a buscarlo para que nos regale algunas orientaciones para nuestra vida presente y venidera.

Q.L. Eso está bien, pero ojalá no se quede eso en mero recuerdo y en la práctica nadie se comprometa con los hermanos menos protegidos.

J.M. Qué bueno se vive aquí. Es un ambiente acogedor.

Q.L. Así es, pero me gustaría más estar ayudando a mis hermanos allá arriba.

J.M. ¿Cómo así que allá arriba?

Q.L. Así es, pues estamos en el interior de nuestra madre tierra. Este es el verdadero cielo, venir nuevamente al lugar de donde salimos. El gran desastre de los hombres blancos ha sido creer que la tierra es sólo una niñera, que tiene que soportarles todas sus pataletas y luego pueden irse en “paz” a la vida eterna”; sólo ven a la madre tierra como una despensa, como un lugar de paso, que no siente, que es inerte.

J.M. ¿Y usted siempre entendió eso?

Q.L. Oh no. Eso fue un proceso. Aunque nací en una familia indígena paez tuve que hacer un largo camino para entender el idioma de la madre tierra. Ella habla con signos de amor, con miradas arrulladoras, pero casi nadie le pone atención.

J.M. Ya veo, pero cuéntenos algunos hechos que lo hicieron entender a la Pachamama.

Q.L. Verá, yo nací en un terreno que pertenecía a una gran hacienda que se llamaba “Polindara”, cerca de Popayán, el 26 de octubre de 1880. Mi padre se llamaba Mariano Lame y mi madre, Dolores Chantre. En la guerra de 1885, mi hermana Licenia, que no podía hablar, fue violada. Eso fue duro para mí, aunque en ese tiempo yo no entendí muy bien el asunto. Luego mi hermano Feliciano fue mutilado en la Guerra de los Mil Días. Ahí sí ya comprendía la maldad que puede albergar el corazón del hombre. En 1901 luché como soldado del ejército conservador contra el líder indígena panameño Victoriano Lorenzo, que fue ejecutado el 15 de mayo de 1903. Este hecho fue muy doloroso para mí, pues aunque en el campo de guerra él era mi enemigo, yo sentía en mi espíritu que su lucha era justa. Después regresé a mi tierra, me casé con Belinda León y comencé un movimiento a favor de mis hermanos indígenas. En 1910 fui elegido representante y defensor de los cabildos indígenas del Cauca. Viajé a Bogotá donde estudié las cédulas reales de los resguardos y me presenté en el Congreso. En 1914 dirigí un levantamiento indígena en el Cauca y quise que se extendiera a Huila, Tolima y Valle. Como cosa rara, me acusaron de construir una república de indígenas y fui arrestado el 9 de mayo de 1915. Permanecí un año en prisión, con grilletes en los pies e incomunicado. Pero este no fue el primero y último arresto, pues en adelante siguieron unos cuantos más. No obstante el movimiento fue creciendo. El 9 de mayo de 1917 fui detenido y permanecí cuatro años en la cárcel. ¡Oh tiempos aquellos! Fui puesto en libertad el 23 de agosto de 1921 y me integré al movimiento en el Tolima. Mi lucha por la tierra obtuvo un fruto muy importante en 1938, cuando se decretó la restitución del Gran Resguardo de Ortega y Chaparral. En diciembre de 1939 terminé de escribir algunos pensamientos que titulé: El pensamiento del indio que se educó en las selvas colombianas. Continué luchando por los derechos de mis hermanos hasta que la madre Tierra me llamó a dormir en su seno el 7 de octubre de 1967.

J.M. Como se pude ver a simple vista su lucha no fue fácil. Parece que con relación al tiempo que vivimos los fuertes y poderosos, como solemos decirles, siguen sin entender el mensaje de los pueblos y comunidades que entienden las palabras de la madre tierra.

Q.L. Eso es correcto. Sólo quiero destacar que es bueno recalcar la aclaración que usted hace sobre los ricos y poderosos, pues esa es la connotación que les hemos dado a quienes destruyen el universo. En realidad no son ricos ni poderosos, son ignorantes, salvajes, atrasados.

J.M. De los hechos que vivió, ¿cuáles fue el que lo motivó más en su lucha?

Q.L. Es difícil decir uno en especial, pues fueron varias las situaciones que me fueron marcando el camino. El mismo hecho de nacer en un hogar paez sembró en mi espíritu el amor por la madre tierra. Pero los abusos de que fueron objeto mis hermanos y mi familia me llevó a entender que había unos que “tenían el poder” incluso sobre la madre tierra. Luego la lucha contra aquel gran líder panameño me hizo pensar en mí mismo, en mi comunidad, en mi pueblo, eso me dio una motivación mayor para emprender una lucha por nuestros derechos. Después inicié el movimiento y comprendí que era posible unirnos para buscar una vida mejor. Pero cuando estudié las cédulas reales de los resguardos me convencí que faltaban voces para defender lo que aún teníamos. Sin duda, los arrestos y calumnias, venidas incluso de los “grandes maestros” de la época, en vez de anular mis fuerzas, fueron alicientes para no desistir. Entendí el valor de las madres, sobre todo de la madre tierra, que aún gimiendo por el dolor que le causan sus hijos, ella sigue adelante, rejuveneciéndose y alzando su voz sin cesar.

J.M. Usted ha mencionado a un gran líder indígena panameño, ¿recuerda algo de él?

Q.L. Ah, es larga la historia. Pero le contaré lo que más me llamó la atención de su vida. Muchos datos los conocí con el estudio, no cuando luché contra él en Panamá, pues el gobierno conservador decía que era un guerrillero, “terrorista” diría hoy. Victoriano Lorenzo fue un líder indígena que nació en el área rural de Penonomé, provincia de Coclé, entonces Colombia hoy Panamá antes de 1867 y fue ejecutado en Ciudad de Panamá el 15 de mayo de 1903. En 1890 enfrentó al regidor Pedro de Hoyos, por el injusto y arbitrario cobro de diezmos y primicias a la comunidad indígena. Hoyos atacó a Lorenzo con ánimo de matarlo, por lo que éste, en defensa propia, mató a Hoyos. Victoriano mismo se presentó a las autoridades y fue detenido en la cárcel de Penonomé. Luego fue condenado a 9 años de cárcel y recluido en las Bodegas de Chiriquí donde cumplían penas delincuentes peligrosos. Por su inteligencia se desempeñó como auxiliar y aprendió a leer y escribir, pasando a ser secretario de oficiales. Se hizo sastre y barbero y leyó sobre las leyes.

En 1890 enfrentó al regidor Pedro de Hoyos, por el injusto y arbitrario cobro de diezmos y primicias a la comunidad indígena. Hoyos atacó a Lorenzo con ánimo de matarlo, por lo que éste, en defensa propia, mató a Hoyos. Victoriano mismo se presentó a las autoridades y fue detenido en la cárcel de Penonomé. Luego fue condenado a 9 años de cárcel y recluido en las Bodegas de Chiriquí donde cumplían penas delincuentes peligrosos. Por su inteligencia se desempeñó como auxiliar y aprendió a leer y escribir, pasando a ser secretario de oficiales. Se hizo sastre y barbero y leyó sobre las leyes. Pero al ser derrotados los liberales en julio de 1900, en la batalla del "puente de calidonia", Victoriano se encargó de esconder las armas que los rebeldes lograron conservar.
Las tropas del gobierno se movilizaron tras los indígenas que trataban de ocultar la armas liberales. Entonces Victoriano y su gente se convirtieron en montañeros, guerrilleros exitosos y obligaron al ejército oficial a huir de Penonomé. Ocuparon Penonomé el 10 de octubre de 1901, todas las tiendas fueron requisadas y aprovechados sus artículos por las tropas guerrilleras. Las tropas liberales se unieron entonces a los guerrilleros que obtenían éxito tras éxito.

Victoriano fue nombrado General de División de las tropas liberales, que a partir de ese momento, en Panamá solamente cosecharon victorias. Desató la rebelión de los indios luchando por tierra y libertad. La influencia que ejercía entre los indígenas le convirtieron en el jefe más peligros de la rebelión, pues atraía cada vez más hacia sus filas al resto de los desheredados.

El 22 de noviembre de 1902 conservadores y liberales firmaron en el barco de guerra estadounidense llamado "Wisconsin", el pacto que irónicamente llamaron Paz del Wisconsin, que en realidad fue la venta del Istmo. El 28 de noviembre procedieron a capturar a Victoriano, estando desarmado, con el argumento de que había manifestado que no compartía el acuerdo y tomaría de nuevo las armas. Intentó fugarse en Nochebuena pero fue recapturado a las pocas horas. El gobierno colombiano, temeroso de que el guerrillero panameño fuera puesto en libertad, decidió que fuese condenado a muerte, presentándolo como un malhechor.

J.M. Sobre su formación, qué nos puede contar.

Q.L. Yo no fui a ninguna escuela. Fui autodidacta. Mi tío Leonardo me leía periódicos y otros papeles que cargaba en su mochila. Con él aprendí las primeras letras. Luego, mis lecturas se concentraron en el conocimiento de los códigos, de las leyes y de la jurisprudencia. Pero sobre todo me eduqué debajo de las selvas y debajo de ellas me formé, debajo de ellas conocí el libro de la vida y también conocí el palacio de mi pensamiento.

J.M. Y al respecto de la educación y de la instrucción, ¿qué les dice hoy a las nuevas generaciones indígenas?

Q.L. Las motivo para que se instruyan. Hoy día es más fácil tener conocimiento. Es vital el conocimiento para luchar por los propios derechos. Muchas veces han pasado por encima de nosotros porque no sabemos, porque nos consideran ignorantes, incapaces de entender el idioma occidental. Es una necesidad que no pueden obviar. Si ustedes se preparan y saben exponer sus ideas, su lucha será más fácil, tendrán más oportunidades de triunfar. Y como dije antes con relación a mi formación, es muy necesario escuchar la voz y enseñanza de la madre Tierra. Escúchenla y ella les indicará el camino que deben seguir. Una madre sabe las mejoras fórmulas para triunfar y ser feliz.

J.M. ¿Cuáles fueron los principales motivos de su lucha?

Q.L. Fueron varios. Empecemos por el respeto. ¿Cómo así? Con los acontecimientos que tuve que vivir me convencí que los pueblos autóctonos debemos luchar por ser reconocidos como seres históricos, en igualdad de condiciones y derechos de los demás hombres. Como es sabido, ya desde la llegada de los españoles, los pueblos indígenas fuimos considerados menos que animales, sin alma, hechos para el trabajo. Y desde entonces se ha quedado en la mentalidad que somos “seres humanos de segunda”, que sólo valemos por las artesanías y la música “rara” que sacamos. Otro motivo está en el hecho de que los pueblos indígenas podemos luchar por nosotros mismos, tenemos autonomía para pedir y exigir que seamos vistos como habitantes de un país, de una región, de un pueblo. No tenemos que esperar a que otros, los “notables y adelantados” hablen por nosotros. Si nosotros mismos no hablamos, nadie lo hará por nosotros. Otro factor que me dio ánimo fue el hecho de que la unidad hace la fuerza. Aunque hubo momentos en que me sentí solo, sin amigos, también hubo momentos en que me sentí no un hombre, sino un pueblo. Hasta hoy ha perdurado la idea de que los indios viven “agarrados” todo el tiempo y nunca se ponen de acuerdo para luchar.

J.M. Una de sus consignas fue la recuperación de territorio. ¿Recuerda alguna ocasión en que le hizo saber esto al gobierno central?

QL. Sí claro, aún perdura en mi mente aquel mensaje dirigido a los "altos poderes" de la nación, en enero de 1922, en el cual di a conocer cómo unos hombres ambiciosos se apoderaron de lo que nos pertenecía, es decir, nos robaron. Entre lo que escribí están estas palabras: "Estas tierras son exclusiva propiedad que dio el Juez Omnipotente a nuestros primeros padres (los de los indios), de la cual eran dueños y señores hasta el 12 de octubre del año de 1492... Quien hubiera dicho entonces, sin tenerlo a locura, que más tarde unos huéspedes ambiciosos habían de constituirse dueños de nuestra adorada tierra... ¡Señores! Qué medicina más capaz para curar la antigua y tremenda herida de nuestra raza ya muerta en sus cuatro quintas partes en esto que lleva el nombre de Colombia, y usurpadas casi en su totalidad nuestras riquísimas tierras y valiosas minas? Las que no nos cercenó y alinderó en el régimen de la Colonia en pequeñas porciones denominadas resguardos, que fueron verdadera garantía de propiedad, y mandadas a conservar y respetar mutuamente tanto por las leyes de Castilla como por el reglamento del Libertador Presidente... Esto por qué? Porque desgraciadamente vinieron otras leyes contrarias a nuestras propiedades comunales dictadas por el legislador Colombiano, mandando que fueran divididos nuestros resguardos; y facultando asimismo a las gobernaciones y asambleas para que llenaran los vacíos que estas leyes requerían, para el mismo fin; los que así fueron llevados a cabo por dichas corporaciones, quienes extralimitándose de lo legal, crearon los primeros decretos, y las segundas leyes, otro tanto más injustas, para llevar al término la división de los resguardos de nosotros, los infelices indígenas".

Mis reflexiones apuntaban a que si la ley no podía disponer de un predio poseído por una comunidad de hombres civilizados para que pasara, por exclusiva voluntad del Legislador, a ser propiedad del municipio, ni mucho menos a ser repartido por la fuerza, obligando con amenazas a sus poseedores para tal fin, ¿por qué se creía autorizada para disponer que nuestros resguardos sí pasaran a ser propiedad del municipio y a dividirlos? ¿Por qué no se obligaba a los grandes latifundistas a repartir sus propiedades?

J.M. Pero su lucha fue pacífica, muy distinta a las que se vivían en su tiempo. ¿Qué lo animó a ello?

Q.L. En primer lugar, la forma de pensar de los indígenas es muy distinta a la de los “civilizados”. Lastimosamente desde los primeros años de dominio se ha creado la idea del indígena como un ser poco racional, que soluciona los problemas a las malas, por las armas. Eso no es lo más correcto. Desde tiempos inmemoriales la tradición indígena ha tenido métodos alternativos para solucionar las diferencias. En mis recorridos por diferentes tierras me fui haciendo consciente de una lucha diferente a la usada por los “ilustres estrategas militares”. Por eso preferí la preparación, la fuerza de los argumentos, antes que responder a la guerra con guerra. Cuando me insultaron y me retuvieron no devolví la ofensa. Por el contrario, hice el bien a quienes me hicieron mal. Recuerdo que un día llegó a la cárcel un hombre que me había hecho mucho daño y en lugar de alegrarme por eso, le ofrecí alimentos de los que yo preparaba. Responder con el mal sólo aumenta el mal. En eso la madre Tierra es sabia. Ella no paga como merece el comportamiento de los hombres. ¿Qué tal que ella devolviera con mal el mal que le hacen sus hijos?

J.M. Ahora bien, con sus acciones usted quiso hacer entender que la legislación de los pueblos indígenas es anterior a cualquier legislación colombiana. Explíquenos un poco esto.

Q.L. Así es. Cuando los colonizadores llegaron a América, nuestros ancestros ya vivían allí, ellos eran los “dueños” de la tierra. Claro que dueños no es el término correcto, ya que la madre Tierra no le pertenece a nadie. Los seres humanos sólo son inquilinos. Pero bueno, eso es otro tema. Los “descubridores” llegaron con la certeza de ser los dueños del continente y de forma autoritaria se apoderaron de lo que no les pertenecía. Dizque por tener un decreto de un rey y de un papa los pobladores tenían que ceder todo a los “anunciadores” de la Buena Nueva. Cuando los colonizadores tomaron lo que pertenecía a nuestros antepasados impusieron sus normas y desecharon todo lo nuestro. Desde entonces las leyes se hacen teniendo como punto de partida la irrupción de los blancos en territorios amerindios, dejando de lado a los pueblos originarios. Eso no es justo.

J.M. ¿Cuál fue su relación con la Iglesia?

Q.L. No muy buena. Como es sabido, desde la “conquista” la Iglesia ha sido aliada del poder opresor, con especial acentuación en tiempos de la República. Al lado del “conquistador” estaba siempre el cura que convertía a los infieles. En alguna ocasión, cuando dirigía una movilización de indígenas en Inzá, Tierradentro, hacia 1916, uno de los padres guió a las compañías que nos perseguían y ordenó que mataran indios, que esos no eran cristianos. El mismo padre hacía colgar de los árboles a los indios que caían prisioneros hasta hacerlos confesar en qué sitio me encontraba yo. Este sólo es un caso que indica cómo la Iglesia, o mejor, el poder eclesial jerárquico estaba con los “buenos”.

J.M. A propósito del libro que escribió, ¿qué nos puede decir?

Q.L. Antes que ser un libro como los que editan hoy día, es una compilación de la sabiduría que me enseñó la madre Tierra. Por eso lo titulé "El pensamiento del indio que se educó en las selvas colombianas". Más que hacer un complejo y dogmático tratado, lo que hice fue poner algo de orden a mis principales ideas. Se trata de pensamientos para la acción. No hay allí retórica. Por eso escribí en el prólogo: "El presente libro servirá de horizonte en medio de la oscuridad para las generaciones indígenas que duermen en esos inmensos campos que tiene la Naturaleza Divina; pues el blanco es acérrimo enemigo del indígena que no golpea la puerta del engaño; que no quiere las promesas; que no le vende barato; lo mismo que el empleado público se une con el capitalista latifundista y el abogado para hacerle perder la finca indígena, el semoviente, etc.". El texto no pretende otra cosa que dar a conocer el pensamiento del hijo de las selvas que lo vieron nacer, se crió y se educó debajo de ellas como se educan las aves para cantar.

J.M. Si usted viviera en la Colombia actual, ¿sería de la izquierda o de la derecha?

Q.L. De ninguna. Así como la madre Tierra es una, así el ser humano es uno y debe portarse como tal. Sea de un lado o del otro, hay excesos. El comportamiento del ser humano debe ajustarse a las exigencias de la madre Tierra, que no tiene hijos de izquierda y de derecha. Es curioso ver cómo los hombres no entienden que la Pachamama no quiere rivalidad, sólo quiere respeto y armonía. A todos sus hijos los quiere por igual, no hace distinción de partido político ni de ninguna clase.

J.M. Un mensaje para los niños y jóvenes hoy.

Q.L. A toda la juventud indígena la invito a que no les dé pena ser indígenas. Sean conscientes de que somos anteriores a cualquier colonizador. También los motivo para que se preparen, para que conozcan las leyes que favorecen nuestros territorios y nuestras tradiciones, a que luchen por un mañana mejor para todos. Los ánimo para que escuchen siempre a la madre Tierra y sigan sus sabias orientaciones. No se den por vencidos, aunque muchas veces sientan que todo está perdido. Sólo la muerte pondrá punto final a sus más nobles anhelos. En sus manos está la continuidad de nuestra historia. De ustedes depende la madre Tierra para tener aún fuerzas para seguir adelante.