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Parar las fumigaciones aéreas de glifosato y decirle sí a la erradicación manual de la coca
Norah Alexandra Torres Yepes / Sábado 8 de octubre de 2011
 

Las denuncias hechas por las comunidades de Novita, sipí, San José del Palmar, Medio San Juan, Litoral del San Juan y Medio Baudó en el departamento del Chocó el día 28 de septiembre del 2011. (Denuncia REDHER, 2011) son eco en la memoria de muchos de una misma historia vivida y sufrida por las comunidades campesinas en Magdalena Medio en el año 2003; para ese entonces las asociaciones campesinas se organizaron para defender la zona de reserva campesina y protestar por las fumigaciones aéreas realizadas por la policía nacional con químicos como POEA, GLIFOSATO Y COSMOFLUX. Los alimentos de pan coger se deterioraban, las mujeres abortaban en la mayoría de los casos y los animales para el consumo, como las gallinas, se morían. Ante la inminente amenaza los campesinos hicieron un llamamiento a las universidades a que actuaran frente a esta problemática y para ese entonces se realizó un congreso en la Universidad Industrial de Santander, organizado por la escuela de química llamado: “Fumigaciones, abortos y gallinas muertas”, así se llamaba, pues era la denuncia del campesinado. Se sacaron conclusiones importantes y se hicieron movilizaciones frente a este problema. En la facultad de salud aprovechando la asignatura de investigación en salud comunitaria, estudiantes de enfermería realizaron en conjunto un estudio sobre el tema, un ensayo clínico controlado detectaron problemas de azoospermia en un número importante de los especimenes; las conclusiones de este estudio están citadas en un documento elaborado por el departamento de salud pública de la Universidad Industrial de Santander en el año 2005.

Han pasado más de cinco años y otro gobierno en el cual el actual presidente, que en ese entonces era ministro del interior, tiene conocimiento de la situación de las comunidades al ordenar él mismo operaciones de fumigaciones aéreas, pero en realidad se sabe que las razones de las fumigaciones es continuar alimentando el conflicto social y armado que tiene el país; las fumigaciones aéreas no detendrán los cultivos de coca, la propuesta de las organizaciones campesinas a la erradicación manual es válida en torno a generar ambientes de paz.

¿Por qué las fumigaciones aéreas para erradicar la coca contribuyen al conflicto?

Genera dependencia: El daño hecho a los cultivos de pan coger y los animales para el sustento alimentario de los campesinos hace que en ellos se genere dependencia al proceso de cultivo de coca, las comunidades se verán cada vez más obligadas a cultivar coca para traer o comprar su sustento alimentario en zonas externas de la región, porque definitivamente el cultivo para comer, la agricultura básica, se vuelve insostenible.

La perdida del ser y el que hacer agricultor: Su tradición agricultora se irá perdiendo al estar permeados por un monocultivo el cual les permite más accesibilidad económica pero al mismo tiempo más violencia.

La violencia en general establecida por los diferentes actores del conflicto social y armado involucrados con el narcotráfico ha dado resultado en la participación de la desculutirización del campesino o también llamado “la descampesinización del agro” relacionado con la pérdida de la identidad y las prácticas campesinas en la dinámica rural.

El desplazamiento forzado por arma química: es una de las razones importantes que entorno a toda esta problemática se debe tener en cuenta. Las mujeres en estado fértil sufren amenazas de aborto y abortos debido al contacto con la aspersión de estos químicos, de tal manera que se ven obligadas a realizar un desplazamiento junto con sus familias, todo esto sin contar el deterioro cutáneo, los problemas gastrointestinales a repetición y las enfermedades ocasionadas a nivel visual.

Ecocidio a cuenta gotas: Organismos fitosanitarios como la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés), dio a conocer un estudio en el cual advierte que el glifosato fue una de las 25 causas de principales de enfermedades en zonas como California, además que este producto en sus etiquetas de uso, hace advertencias sobre la no utilización del mismo en zonas con cuerpos de agua, por tanto se estaría haciendo un ecocidio contra la flora y fauna en las selvas colombianas.

Colombia es el único país de Sudamérica que aun utiliza las fumigaciones aéreas como herramienta para acabar con estos cultivos, países como Perú y Bolivia, la erradicación es manual, porque sus gobiernos conocen perfectamente las consecuencias en el largo plazo para los habitantes de las zonas fumigadas, así como también los efectos en la vegetación y sus suelos.

El argumento principal para la utilización del glifosato conocido en el mundo de los herbicidas como Roundup es que su nivel de toxicidad es muy poca incluso se argumenta que esta puede ser menor que la cafeína y la sal común, sin embargo los hechos registrados y debidamente documentados en las poblaciones que se han visto afectadas, sus reacciones son completamente diferentes. En municipios como La Hormiga en el Putumayo (Colombia), muchos de sus habitantes presentaron cuadros clínicos como irritación en los ojos así como enfermedades en la piel, reacciones antes no vistas de iniciarse las fumigaciones aéreas con glifosato. “Según las investigaciones realizadas, en Colombia se usa para las aspersiones el producto comercial del glifosato Roundup, que tiene en su composición un elemento que le facilita la penetración en la planta llamado polixietilenoamina (POEA), con una toxicidad aguda tres veces superior a la del glifosato puro que produce daños gastrointestinales, del sistema nervioso central, problemas respiratorios y destrucción de los glóbulos rojos.” (Tobon, 2007)*

La seguridad de los ciudadanos colombianos no puede estar determinada en torno a las medidas que se deben tomar frente al narcotráfico, ante todo debe saberse que prima la seguridad ambiental, social, la seguridad humana en general.

Es necesario pues, tener en cuenta que ante todo debe prevalecer el respeto por las comunidades y el llamado al diálogo para establecer alternativas sanas y respetables para el medio ambiente y el ser humano, como la propuesta alternativa que supone la erradicación manual.

Hago un llamado a las organizaciones internacionales defensoras de Derechos Humanos, defensoras del medio ambiente, defensoras de los derechos de las mujeres y los niños, a la prensa internacional, a las Universidades para que conozcan y juzguen sobre los acontecimientos que suceden en estas zonas y sus comunidades que son víctimas de una estrategia supuestamente en contra del narcotráfico pero que en los resultados termina favoreciéndo este negocio ilícito.

*Tobón, Humberto (2007). «Las fumigaciones en Colombia». Consultado el 2007.