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Conmemoración Masacre de la Rochela
Las víctimas que están en el silencio
Carlos Andrés Eljure Vargas / Viernes 20 de enero de 2012
 

Para nosotros como organizaciones sociales es claro que el fin que queremos lograr con este acto conmemorativo utilizando como eje fundamental la memoria colectiva es plantear no solo una preocupación cultural sino política, que nos permitiera expandir y profundizar mucho mas el trabajo de la memoria colectiva no solo desde lo que se conoce, se ha hablado, estudiado o leído sino también desde lo que no se conoce, desde lo que lo que se ha silenciado o lo que en ultimas por medio del aparato estratégico del miedo ejercido por grupos armados o del mismo estado se ha querido que se olvide.

Es por eso que en este breve texto queremos ejercer de manera integra el ejercicio de la memoria colectiva compartiendo con ustedes el testimonio de los familiares de un antiguo habitante de la Rochela asesinado en esta misma vereda, testimonio que hasta el día de hoy ha sido callado pero nunca olvidado, y que de manera particular nos sirve como punto de referencia para reivindicar la memoria de todas aquellas personas que han sido víctimas del régimen de la violencia por parte del estado colombiano y que no han podido, ni han querido ser escuchados.

Es bien sabido que la vereda de la Rochela ha sido sometida desde sus orígenes a las diferentes formas de violencia, desde desplazamientos, hasta asesinatos selectivos que antecedieron a la masacre de los jueces y magistrados quienes a su vez investigaban otros hechos notorios de violencia como lo fuera el asesinato de 19 comerciantes de la región en el año de 1987.

El señor Daniel Tamayo campesino es un claro ejemplo de esta triste historia, habitante de la Rochela vivía con su familia de manera humilde y trabajadora hasta que en el año de 1988 fue amenazado y desplazado con su familia de la región por los masetos, grupo paramilitar principal ejecutante de todos los crímenes ocurridos en la región, después de esto por no querer perder lo poco que le quedaba volvió a la Rochela, el 23 de octubre del mismo año fue sacado de su casa como es habitual en horas de la noche para ser asesinado a pocos metros de ella.

Hoy sus hijos queriendo compartirnos esta dolorosa historia, son conscientes de las consecuencias todavía hoy imborrables que trajera para sus vidas ya que el asesinato de su padre dejaría un daño irreparable que no han podido ni siquiera de manera simbólica sanar pues fue imposible hacerle una digna sepultura por consecuencias del miedo, las amenazas y las precarias condiciones económicas en las que se encontraban.

Sin embargo han querido decirnos hoy que es solo a través del acto de la memoria que han podido reponer y ejercer sus nuevos proyectos de vida que están con nosotros hoy afirmando su condición de individuos resistentes al olvido y defensores de la verdad, que a su vez quieren invitar a todos y a todas las víctimas de esta misma desdicha a que no callen, que se resistan a olvido, a que aprendamos a escuchar nuestras memorias, a que trabajemos por un colectivo que pueda darle un sentido y rumbo al pasado frente al presente y el futuro incierto, que este conocimiento sea transmitido de generación en generación para que como sociedad y cultura evitemos a toda costa que estas cosas vuelvan a suceder.