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Debate
Movimientos sociales y partidos políticos de izquierda
César Giraldo / Domingo 8 de abril de 2012
 

¿Cuál debe ser la relación entre los partidos de izquierda y los movimientos sociales? Esta pregunta se vuelve relevante hoy día en Colombia respecto al Polo Democrático Alternativo y los partidos que lo componen, frente a las diferentes organizaciones sociales tales como la MANE, la MINGA, el Congreso de los Pueblos, la Marcha Patriótica y Comosoc. La respuesta convencional es que los movimientos sociales son procesos reivindicativos, que la tarea de los partidos de izquierda es tomarse esos procesos para ponerlos al servicio de los intereses de los trabajadores y del pueblo en general. De los trabajadores porque los partidos de izquierda representan a los intereses del trabajo.

Pero ¿quiénes son y dónde están esos trabajadores que la izquierda dice representar? La respuesta convencional continúa señalando que es el proletariado, quien está siendo explotado en las empresas capitalistas, y desde allí pelea por sus derechos colectivos, despierta una identidad de clase (clase para sí), y eleva su lucha hasta el plano político para la construcción de una sociedad distinta: el socialismo. Este es el relato histórico de los partidos de izquierda.

Sin embargo, hoy día sólo una fracción minoritaria de los trabajadores está en la fábrica, de manera que se podría afirmar que no importa que los trabajadores sean una minoría social. Se puede argumentar que siempre fue así en Rusia, China y Cuba, y que eso no fue obstáculo para que hicieran la revolución socialista. Eso es cierto, y la paradoja es que dicha revolución no se llevará a cabo en los países con una clase asalariada amplia como es el caso de Europa Occidental. El punto es que el imaginario del obrero en la fábrica como el faro que ilumina al mundo ya no seduce a los sectores populares. No los seduce porque los intereses y reclamos de dichos sectores ya no se dirigen contra un patrono explotador que es la representación del capital. Simplemente no tienen patrono contra quien rebelarse.

Ya no es el sitio de trabajo el espacio para la construcción del discurso de lo social hoy día, ese eje se ha trasladado al espacio urbano. Es el habitante de la ciudad quien toma la vocería que en pasado tenía el trabajador, y se convierte en el principal interlocutor frente a los poderes públicos. De hecho la política social se configura alrededor del territorio. Se pregunta Castel (2010) si la cuestión urbana remplaza la cuestión social, porque es en el territorio donde se organizan los procesos colectivos. Los trabajadores están en el territorio, pero son trabajadores precarizados, y sus reclamos no hacen referencia a una relación entre trabajador y patrón. La mayoría de tales trabajadores no tienen patrón, y si lo tienen está en una situación cercana a ellos, como es el caso de las famiempresas. Los sectores precarizados en la actualidad son una condición permanente, de manera que, en palabras de Castel, se puede hablar de un "infrasalariado" dentro de los asalariados. Son trabajadores, y ello implica una contradicción implícita entre capital y trabajo, la pregunta es ¿cómo se manifiesta dicha contradicción?

Como dice Pérez (2010, 13) vastos sectores de la sociedad contemporánea saben que son pobres explotados, que tienen temor a la incertidumbre futura, pero no tienen claro a qué grupo o clase social pertenecen, y cuáles son sus reclamos colectivos. La explotación frecuentemente aparece como autoexplotación, entonces, ¿toca rebelarse contra uno mismo? O más bien habría que preguntarse si la precariedad es resultado del fracaso del individuo, y es a él a quien compete la responsabilidad.

El punto está en comprender las nuevas formas de trabajo que se están presentando en el mundo contemporáneo, y en este caso en América Latina, para abordar los nuevos sujetos sociales que son los que deben crear los derechos colectivos. Las tendencias que afectan el mundo del trabajo que se observan actualmente señalan que la producción se ha deslocalizado, que se presenta un aumento de las micro y mini empresas frente a un adelgazamiento de las grandes, que el trabajo se ha precarizado lo que se expresa en un deterioro del nivel y la seguridad de los ingresos, y que se invisibiliza la relación entre capital y trabajo. Sin embargo el hecho que esa relación se invisibilice no quiere decir que desaparezca. Se trata de comprender el mecanismo económico en el cual se da esa relación y las representaciones sociales y políticas de esa relación en el contexto actual.

El vínculo aparece cuando la sociedad siente que el costo de los servicios públicos y el transporte absorbe porciones crecientes de los ingresos de las personas, cuando se vuelve imposible el pago de las cuotas de crédito de vivienda o el microcrédito, cuando el ingreso no alcanza para comprar las necesidades básicas, cuando hay que endeudarse para entrar a la universidad. Y la personificación política del capital aparece cuando la gente siente que cuando protesta por la situación el Estado aparece con políticas represivas o asistenciales. También el Estado aparece cuando intenta forzar a los sectores de la economía popular a legalizarse, porque para dichos sectores su actividad sólo es posible evadiendo impuestos y violando ciertas normas como por ejemplo el respeto al espacio público (el vendedor ambulante se tiene que tomar dicho espacio). El Estado se manifiesta con la zanahoria para estimular la legalización (para poderles extraer tributación), o con el garrote reprimiendo.
Para aquellos que no ven evidente la relación capital trabajo cabría preguntarles si las luchas sociales contra las tarifas (precios) de los servicios públicos o del transporte, contra el aumento de los impuestos, contra los abusos del sistema financiero, contra las deudas hipotecarias, por la gratuidad de la educación o la salud ¿no son una expresión del conflicto entre el capital y el trabajo? Si no fueran eso ¿de que se trataría? ¿Luchas contra la maldad y la perfidia? En este caso la confrontación con el capital se da en el momento en que las protestas sociales se enfrentan a la fuerza pública, y en ese momento el Estado adquiere la representación del capital.

Recuérdese que se ha señalado que el sitio del trabajo ha dejado de ser el espacio donde de generan las reivindicaciones que construyen los derechos sociales colectivos. Pero eso no quiere decir que el trabajo haya desaparecido, ni que los trabajadores no sean el germen de un nuevo proyecto social, sólo que las formas colectivas de representación se dan en el territorio, y es allí donde está la economía popular. Otra cosa es que más adelante eso implique desarrollos que lleven a superar ese tipo de economía a pequeña escala.

La identidad de clase surge en la medida en que se confronta al Estado como colectivo. Esto es reflejo, de una parte, visto desde la perspectiva del capital, del hecho que la propiedad del capital tome formas cada vez más abstractas porque una parte importante y creciente de la propiedad real del capital está dispersa en una serie de instrumentos financieros que circulan por los mercados de capital, y que reclaman renta (extracción de plusvalía) a través del pago de la deuda pública, de la deuda hipotecaria que con frecuencia está fraccionada en derivados en los mercados de capitales, de la deuda de las empresas de servicios públicos domiciliarios, de la deuda y el pago de dividendos de las empresas privadas.

Por otra arte, visto de la perspectiva del trabajo, citando a García Linera (2010) "la riqueza es cada vez menos producto de un grupo de obreros y más de la sociedad entera, que ha diseñado e imaginado la producción de la riqueza"(págs. 29 y 30). En la producción material e inmaterial cada vez entran más máquinas y conocimientos cuyo diseño y desarrollo vienen de la cultura universal. Agrega el autor "Decía Marx que el capitalismo es una contradicción en sí misma porque para vivir depende del trabajo individual del obrero, al que se le extrae la plusvalía, pero cada vez más ese producto tiene un componente mínimo de esfuerzo humano individual y es, más bien, un producto general social de la sociedad universal". (pág. 30)
A lo anterior se agrega que cada vez adquiere menos importancia la producción material (el trabajo de industria), y que los procesos productivos se descentralizan. El componente intelectual˗cognitivo adquiere un mayor peso sobre el trabajo físico lo que acrecienta el valor del intelecto sobre el trabajo material. Esto significa repensar las formas de generación de valor, y de extracción de ese valor (la plusvalía). Valores cada vez más inmateriales y trabajo cada vez más disperso. El Estado como un poder cada vez más abstracto y los individuos cada vez actuando como una multitud que confronta ese Estado como un colectivo. En esta dirección se dirige el concepto de Multitud e Imperio de Negri y Hardt.

Es por esto que gran parte la lucha social se centra por los mecanismos de distribución social de la riqueza que a su vez pasa por la regulación económica, la fiscalidad y las instituciones. Y esa distribución pasa por mecanismos institucionales tales como la regulación monetaria y crediticia, la tributación, el estatuto del Presupuesto público, la política social. Por eso la lucha del capital y el trabajo se termina expresando de una forma global. Sin embargo el concepto de multitud de Negri y Hardt resulta demasiado abstracto, porque para dichos autores la multitud se enfrenta a un gran poder de carácter mundial llamado imperio, lo que implícitamente significa afirmar que los Estados Nación juegan un papel subsidiario respecto a fuerzas más poderosas. En la realidad la confrontación de las multitudes se da contra los aparatos de Estados Nacionales concretos, que tienen cuerpos de policía y judiciales específicos. De tales Estados emanan las políticas de control social por la vía represiva o a través de la política social. Sin embargo es cierta la afirmación que esos Estados Nacionales cada vez están más sujetos a las instituciones internacionales financieras (FMI, Banco Mundial, Banco Central Europeo, BID, G8), a los tratados y acuerdos comerciales (los TLCs y la OMC), a los Acuerdos Militares. Y por otra parte la organización de los procesos productivos nacionales cada vez depende más de la repartición global que hacen las empresas multinacionales. Pero ello no significa que los Estados Nacionales hayan desaparecido, ni que el proceso pueda comenzar a revertirse, como seguramente se dará cuando los sectores internos que se oponen a las reformas exijan políticas más nacionalistas, incluidos los países centrales, lo que puede derivar en nuevos imperialismos o el reforzamiento de los viejos. También existen productores nacionales, una parte significativa de la producción no está determinada por la lógica del capital transnacional, los mercados internos existen, y las necesidades básicas para la supervivencia siguen siendo materiales. Todo esto debe ser tenido en cuenta a la hora de formular un proyecto político.

El trabajo asalariado está disminuyendo y el sitio de trabajo dejó de ser la fuente de construcción de derechos colectivos. Como dice García Linera en la actualidad no hay una cultura obrera concentrada porque no hay grandes concentraciones laborales. Con base en esto algunos argumentan que el trabajo dejó de ser el origen de construcción del proyecto social. De hecho la política social actual ha utilizado categorías diferentes al trabajo: pobreza y vulnerabilidad. Pero el trabajo sigue existiendo y es la principal forma de inserción social de las personas. Si una persona sana en edad de trabajar no tiene una posición en el mundo económico que le permita generar los ingresos monetarios para su supervivencia, no puede tener una inserción social ya que tiene que depender de otros para su supervivencia, bien sea el Estado (a través de los subsidios públicos) o la familia.

Retornando a la idea central que es en el territorio donde se construyen los procesos colectivos, se presenta una dinámica en dos direcciones. De una parte, en lo local, en torno a la economía popular, procesos que buscan encadenar en lo económico, en lo social, y finalmente en lo político sus actividades. Para poder articular las actividades en cadenas productivas se necesitan procesos asociativos, y para poder que esos procesos asociativos tengan futuro se debe pasar al plano político para exigir condiciones a la autoridad política. De otra parte, se presentan movimientos sociales cada vez más globales, tales como movimientos por el agua, el medio ambiente, viviendistas, la defensa de la salud, la educación. Esa tensión, entre lo local y lo general, lleva a plantearse la pregunta de ¿cómo pasar de lo particular y territorial a lo general? Es la misma pregunta acerca de cómo pasar a un sujeto social actuante. Si se afirma que ese sujeto se encuentra en el territorio, la pregunta es, ¿cómo adquiere la conciencia que tiene unos derechos colectivos y se moviliza por ellos, cómo construye su identidad?

En el territorio se generan autonomías, las cuales, para preservar sus principios, se resisten a involucrarse con los partidos políticos, incluso con los de la izquierda. Pero más que un desajuste en los principios defendidos por la izquierda entre las reivindicaciones de clase social y procesos políticos, lo que hay que redefinir es esa visión. Las clases sociales son relaciones humanas, que se ejercen en una disputa por apropiación del excedente económico que conduce a una representación colectiva de intereses. En la medida que esa representación se vuelva explícita se crea la posibilidad de crear un proceso político. En el caso de los movimientos sociales la representación se da en el territorio, y la expresión política de la disputa por la apropiación del excedente económico se da en la movilización contra el Estado por el reclamo de los derechos sociales. De manera que son una expresión política de lucha de clases, que expresan de manera concreta y activa la contradicción entre el capital y el trabajo, y por tanto son una nueva expresión de los partidos políticos de izquierda, y deben pasar a formas más políticas de lucha como por ejemplo buscar representación en los cuerpos colegiados para buscar formas más avanzadas en la defensa de los intereses que representan. Volviendo a la pregunta del comienzo del presente artículo, se puede afirmar que es falsa esa división entre partidos de izquierda y movimientos sociales, porque los movimientos sociales son el germen de una representación contemporánea de los nuevos partidos de izquierda.

BIBLIGRAFÍA CITADA

- CASTEL, Robert (2010, 1ª ed. francés 2009). El ascenso de las incertidumbres ˗ Trabajo, protecciones, estatuto del individuo. FCE, Buenos Aires.

- GARCÍA Linera, Álvaro (2010). Comentario a Toni Negri El movimiento de movimientos En Pensando el mundo desde Bolivia I CICLO DE SEMINARIOS INTERNACIONALES, Varios Autores, Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, Bolivia- PÉREZ Soto, Guillermo (2010). Prólogo del libro de Robert CASTEL (2010) Las transformaciones del trabajo de la producción social y de los riesgos en un período de incertidumbre. SigloXXI, Buenos Aires.