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Santos engaña a los indígenas caucanos y las Águilas Negras desatan el terror paramilitar
Horacio Duque Giraldo / Domingo 29 de julio de 2012
 

La metodología utilizada por la oligarquía colombiana para sofocar y decapitar los movimientos populares es viejísima. La utilizaron los conquistadores españoles en el siglo XVI con los aborígenes de todo el territorio, a quienes engañaban con promesas y artilugios para después asesinarlos y esclavizarlos. El levantamiento de los comuneros en el Socorro y Santander, al finalizar el siglo XVIII, recibió igual tratamiento de la aristocracia colonial hispánica, que en principio simuló condescendencia y una vez desmovilizados los artesanos se les torturó y descuartizó de manera inmisericorde.

A los indígenas nasa del Cauca que protagonizaron hace pocos días una movilización por la paz y contra la violencia militar, les están aplicando el mismo esquema de toda la vida para desmovilizarlos, confundirlos, derrotarlos y después irlos desapareciendo con los grupos paramilitares que se organizan para el efecto.

Les han dicho que se va a negociar, que sus peticiones serán atendidas por funcionarios muy competentes y comedidos, como algunos de la presidencia que hacen parte de las rancias familias tradicionales de Popayán, especializados en las artes diplomáticas para engrupir a líderes populares y despacharlos con las manos vacías.

Los procedimientos impuestos por las comitivas oficiales de Bogotá son parte de una tecnología política de control y dominación, perfeccionada a lo largo de años, para aplastar los levantamientos e insurrecciones populares en nuestro país.

Lo primero que hicieron, en pleno auge de la rebelión, fue ofrecer de todo. Sin embargo, con los días han hecho la composición óptima del escenario negociador para impedir el reconocimiento de las demandas y reivindicaciones de los Nasa.

Aplazaron las reuniones, estigmatizaron con los medios, señalaron a los líderes indígenas, como lo hizo el Ministro de Defensa, de ser infiltrados de la guerrilla, sembraron la confusión entre la opinión ciudadana para que desistiera de la solidaridad necesaria en estos procesos, y al tiempo, fueron apareciendo comunicados terroristas y amenazantes de las Águilas Negras, una organización paramilitar que supuestamente había sido desmantelada por Uribe Velez, pero que recientemente aparece, como por arte de magia, en el lugar que sea, para intimidar la protesta ciudadana y las voces opositoras al régimen.

Pues bien, este sábado 28 de julio de 2012, los indígenas y sus delegados en las mesas de diálogo y negociación se han declarado en asamblea permanente en Popayán porque el gobierno de Santos está evadiendo lo prometido y sus Ministros no comparecen a las sesiones para consolidar los acuerdos. Sólo asisten funcionarios de menor rango y en plan de dilación para ocasionar el desgaste de las comisiones populares que han planteado puntos concretos e inmediatos que resuelvan la problemática de violencia imperante en el Norte del Cauca, bajo el dominio de un atroz régimen militar que perturba y lesiona la tranquilidad de la zona.

Las Águilas Negras surgen sorpresivamente en el transcurso de esta semana para poner su cuota y, mediante panfletos amenazantes han ubicado listas públicas de los líderes que serán asesinados si no abandonan sus viviendas en el menor tiempo posible. Esta fuerza paramilitar, que ya todo el mundo sabe de donde viene y que papel cumple, ha ordenado toques de queda, horarios de reclusión en los hogares, asambleas de advertencia y citaciones a lugares especiales, en los cerros donde están los batallones del Plan Espada de Honor, para advertir lo que se viene si los indígenas no renuncian a sus pliegos y memoriales de peticiones y derechos fundamentales, como el de la paz, primera preocupación de la mayoría de los pobladores de Corinto, Miranda, Jambaló, Santander de Quilichao y Tacueyó.

Se requiere de la solidaridad con los indígenas del Cauca. Lo primero es denunciar con fuerza lo que está ocurriendo. Que lo sepa el mundo.