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La paz no es vergüenza
Que la paz no se haga en los medio, como lo afirman los gurús del tema, difícilmente lleva a que éstos no sean el escenario propicio para la guerra
Nicolás Rodriguez / Domingo 26 de agosto de 2012
 

Que lo diga si no el expresidente Uribe, a quien ante el truculento caso Santoyo se le ha dado por disparar todo tipo de argumentos contra la paz (y lo mismo hará, ahora, ante el caso Rito Alejo del Río).

La guerra contra la paz, podría decirse, se ha convertido en su trinchera: desde ahí es que capotea todos los excesos y cortadas de camino emprendidos anteriormente para ponerle fin a la guerrilla. No es por nada que en la historia latinoamericana la figura del pacificador nos habla es de guerra, no de paz.

Entre tanto, el presidente Santos permite que Uribe deslegitime con trinos y camorreras entrevistas todo su silencioso proceso de negociación con las Farc. Como bien lo han señalado varios comentaristas, es paradójico que mientras Uribe no conocía de la doble vida que llevaba su asesor de seguridad más cercano, sí tiene acceso a la información que probaría que a lo lejos, en Cuba u otro lado, se prepara el Gobierno para negociar con la guerrilla. Como sea, con sus ataques Uribe le tomó ventaja a Santos, y no al revés.

Por lo mismo, quizás sea hora de dejar atrás el sigilo y la actitud vergonzante. En el tema de la paz no hay de qué sonrojarse. Todo lo contario. Llegados a este punto en que Uribe se la juega a fondo haciendo política con los militares descontentos, algo tan bajo hasta para quien se lamenta de no haber tenido el tiempo suficiente para bombardear a Chávez, acaso sea hora de pasar a discutir abiertamente qué es eso de la “paz” y qué es lo que nadie está dispuesto a sacrificar para conseguirla.

Pues como lo escribió alguna vez Florencia Lemaitre, la paz va más allá del silencio de los fusiles.