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Bilbao, Planadas (Tolima): represión militar impide participación comunitaria
Nelson Lombana Silva / Miércoles 5 de diciembre de 2007
 

Bilbao es un corregimiento del municipio de Planadas, Tolima, habitado por dos mil campesinos, 500 de los cuales habitan el perímetro urbano en precarias condiciones socioeconómicas. Las vías carreteables son caminos de herradura, el puesto de salud carece de los medicamentos elementales y la única presencia que hace el estado está reflejada en la aguda militarización, cuya actividad fundamental ha consistido en atemorizar, amenazar, estigmatizar a los habitantes, al extremo que hoy nadie quiere hacer parte de la junta de acción comunal, nadie quiere participar de una reunión para impulsar el esquivo desarrollo comunitario, nadie quiere saber de la carencia del maestro en su comunidad.

“Antes, dijo un campesino, la directiva de la junta de acción comunal era peleada, hoy hay que rogarle al más tonto para que asuma esa responsabilidad, y la razón es elemental: Todo el mundo teme ser estigmatizado de ser auxiliador de la insurgencia, tarea en la cual está metido el ejercito, especialmente la Brigada Móvil No. 8 al mando del mayor Arteaga Arévalo”.

El 8 de diciembre de 2006, fueron detenidos tres labriegos en el perímetro urbano de este corregimiento por unidades adscritas al Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). El 15 de mayo de este año, otra persona más fue detenida con el mismo argumento de ser auxiliadora de la insurgencia. Hasta el momento no les ha resuelto su situación jurídica porque según dice la fiscalía deben aparecer los acusadores, los cuales a criterio de campesinos consultados, son ficticios o personas que nunca van a declarar porque tienen problemas pendientes con la justicia.

Los campesinos detenidos son personas humildes, ampliamente conocidas en el corregimiento. Por ejemplo, Zoilo Varón Cuéllar es el recolector de basuras, Marco Robayo y Jesús Abel González son propietarios de pequeñas fincas, Luis Cuéllar es un habitante del perímetro urbano de Bilbao.

El 25 de noviembre se proyectó la audiencia pública en la ciudad de Ibagué, la cual se aplazó por la no presencia de los informantes, desconociéndose el esfuerzo de los campesinos que asistieron, después de recorrer más de 11 horas en carro, a declarar a favor de los sindicados.

El miedo a participar y desarrollar la solidaridad en esta extensa región es inmenso. Cada quien está condenado a su suerte, porque todo el mundo tiene la certeza de que puede ser estigmatizado, detenido o asesinado por los militares. El 17 de noviembre de 2007, fue muerto Octavio Córdoba, médico naturalista, de una bala producto de un enfrentamiento del ejército con la insurgencia en el perímetro urbano de este corregimiento. El 22 de agosto del mismo año, se presentó otra refriega y los uniformados tomaron las casas como trincheras. La movilización campesina pasada reciente fue duramente obstaculizada por los militares. A eso hay que sumar que los citados militares andan la zona con personas encapuchadas sembrando aun más el terror.

De otra parte, los campesinos señalaron que supuestos desertores son sometidos a cortos cursillos y luego uniformados y con armas de largo alcance patrullan, requisan y señalan a los atemorizados campesinos. De igual manera, expresaron la proliferación de sectas religiosas en cantidades alarmantes. “Creo que hay más sectas religiosas que creyentes”, afirmó habitante de esta región.

En días pasados, fueron detenidos por los militares dos campesinos que revisaban un ganado. Uno de ellos fue amarrado a una alambrada, mientras que el otro fue sometido a un intenso interrogatorio insinuándole que declarara en contra de su compañero, sindicándolo auxiliador de la guerrilla.

La tensa situación que genera la bota militar de la seguridad democrática de Uribe hace que los campesinos se marginen de la iniciativa popular, y unos se refugien en la indiferencia y los otros en cualquier secta religiosa.