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Opinión
Diálogos de paz en 2012.- La más importante noticia del año
El año que termina fue importante para la paz. Fueron liberados por decisión unilateral de las FARC los últimos miembros de la fuerza pública; tuvieron comienzo los diálogos de La Habana; las FARC le pusieron fin a las retenciones económicas y declararon tregua unilateral en fiestas navideñas
Carlos A. Lozano Guillén / Miércoles 19 de diciembre de 2012
 

El 2 de abril del presente año se cerró el último capítulo de las liberaciones unilaterales de los civiles, policías y militares en poder de la guerrilla de las FARC-EP por razones del conflicto, gracias a las gestiones humanitarias del Colectivo de “Colombianos y Colombianas por la Paz”, liderado por la ex senadora Piedad Córdoba.

Durante largos años, la suerte de los retenidos se prolongó de forma indefinida, debido a la negativa de los gobiernos de Andrés Pastrana Arango, Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos Calderón a un intercambio humanitario (canje de prisioneros de guerra en palabras de la insurgencia), que le pusiera punto final al sufrimiento de todas las personas en injusto cautiverio fueran combatientes de la Fuerza Pública o de la guerrilla o civiles retenidos por razones del conflicto.

La negativa al canje o intercambio humanitario por parte de los gobiernos de turno, condujo a que “Colombianos y Colombianas por la Paz” por la vía de la persuasión y del llamado intercambio epistolar logrará la aceptación de liberarlos de manera unilateral a cambio de nada. Es decir, mediante actos humanitarios que tuvieron el reconocimiento nacional e internacional. Ningún Gobierno, menos el actual, aceptó siquiera las visitas humanitarias a las cárceles para constatar las difíciles condiciones de cautiverio de los combatientes farianos, sometidos a todo tipo de vejámenes en las penitenciarías del país, convertidas en mazmorras donde se violan los derechos humanos.

Actitud mezquina

La mezquindad del Establecimiento fue total, inclusive con sus propios combatientes. Los envían a ponerle el pecho a la guerra que no quieren resolver por la vía política del diálogo y del fortalecimiento de la democracia, pero una vez capturados los abandonan a su suerte. Unos pocos lograron escapar, otros fueron liberados por operativos militares de rescate como en la “Operación Jaque”, otros murieron en el intento de escape o de liberarlos y la mayoría salieron sanos y salvos entregados por decisión unilateral del Secretariado de las FARC-EP. ¿Cuántas muertes se habrían evitado si el establecimiento y la clase dominante hubieran tenido una pequeña dosis de humanidad al respecto? Sus propios hombres no les representaron ninguna importancia. Lo dijo el general Jorge Enrique Mora Rangel, a la sazón comandante de las Fuerzas Militares del gobierno de Álvaro Uribe Vélez y ahora flamante miembro de la delegación gubernamental en la Mesa de La Habana: “Todos ya fueron reemplazados”.

Las últimas liberaciones, diez en total, en el presente año, se tomaron más de la cuenta. El gobierno de Juan Manuel Santos, que ya tenía contactos secretos con las FARC para establecer diálogos de paz, interpuso todo tipo de obstáculos innecesarios. Casi cuatro meses después del anuncio de la decisión de liberarlos, pudo darse el 2 de abril, cuando lograron superarse los numerosos escollos oficiales.

Apertura al diálogo

Es pertinente reconocer, que en buena medida las últimas liberaciones unilaterales hicieron renacer el optimismo y la esperanza en la salida política y dialogada del conflicto. Precisamente, después del último liberado, se desataron los rumores de que estaban dándose acercamientos entre el Gobierno y las FARC. En realidad, se estaban dando después de la elección de Juan Manuel Santos y mientras los mensajes iban y venían por buen camino, el Ejército y la Policía montaron un operativo militar a lo largo de las cordilleras central y occidental, que culminó el 4 de noviembre de 2011 en el departamento de Cauca, cuando el comandante, sucesor de Manuel Marulanda Vélez, fue acribillado por el Ejército. El nuevo comandante del Estado Mayor Central Timoleón Jiménez, con el respaldo del conjunto de la organización y de sus dirigentes, decidió continuar con la búsqueda de los diálogos de paz, iniciada por su predecesor y mantenida a pesar de duros reveses como la muerte de Jorge Briceño en el bombardeo a su campamento en el departamento de Meta, durante el año 2011.

Cuando quedaron en libertad los últimos liberados, en La Habana, Cuba, había comenzado en secreto la fase exploratoria, el 23 de febrero de 2012, después de 18 meses de contactos y reuniones entre voceros de ambas partes. Culminó el 26 de agosto del presente año, y pocos días después, el presidente Juan Manuel Santos y el comandante Timoleón Jiménez, cada uno en intervenciones por separado, le notificaron al país y al mundo el “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. Importante noticia. Sin duda, la más trascendental del año. El 18 de noviembre fue la instalación pública de la fase del diálogo en Oslo, Noruega, con las intervenciones de las dos cabezas visibles de las delegaciones de ambas partes: Humberto de la Calle Lombana e Iván Márquez.

La agenda

Dos semanas después comenzó la Mesa de Diálogos en La Habana, Cuba, para abordar la agenda, acompañada del preámbulo y del contexto político y social: Política de desarrollo agrario integral; Participación política; Fin del conflicto; Solución al problema de drogas ilícitas; Víctimas; Implementación, verificación y refrendación. Comenzaron pro el primer tema y luego de común acuerdo ambas partes decidirán el orden de los siguientes. La modalidad adoptada fue la de “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

Desde Oslo salieron a flote los dos enfoques sobre la paz en Colombia. El del Gobierno de una “paz exprés”, sin participación popular y sin cambios democráticos y sociales, limitada al sometimiento de la insurgencia; y la contraparte insurgente que dejó en claro que la paz es con democracia y justicia social porque para acceder a ella es necesario erradicar las causas del conflicto.

En el debate han participado las organizaciones populares que demandan ser incluidos en el diálogo por cuanto en el proceso no se va a resolver los problemas del Gobierno o de la guerrilla sino de la sociedad colombiana. Ambas partes han adoptado unos mecanismos de participación y aceptaron discutirlos y tomarlos en consideración.

La Mesa de Diálogo lleva su ritmo de conformidad con la complejidad de los temas en debate. La insurgencia ha hecho significativos gestos de paz, entre ellos la abolición de las retenciones de carácter económico y la tregua unilateral de fin de las festividades de Navidad y de fin de año; faltan los gestos del Gobierno que continúa adelantando los operativos de tierra arrasada para “tranquilizar” a la ultraderecha militarista enemiga del diálogo y dándole gabela a la oligarquía y a las transnacionales con medidas antipopulares en el marco de la llamada confianza inversionista, como las reformas tributaria y la pensional, para no hablar del esperpento antidemocrático que representa el fuero militar.

El proceso de paz va en marcha pero falta mucho camino por recorrer. No pueden existir “tiempo fatales” de su duración. Será el “tiempo razonable”, estrictamente indispensable para el Acuerdo de paz definitivo que le ponga fin al conflicto de seis décadas. El ELN y el EPL, por su lado, buscan sus espacios de diálogo, indispensables también y que el algún momento histórico tendrán que converger., El pueblo colombiano y sus organizaciones deben rodear de apoyo y de movilización popular a la paz con democracia y justicia social.