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Leonardo y Ricardo
David Ravelo Crespo / Domingo 11 de septiembre de 2016
 

Leonardo Posada Pedraza, el pasado 30 de agosto se cumplieron 30 años de su vil asesinato y Ricardo Lara Parada, el próximo 14 de noviembre se cumplen 31 años de su asesinato cruel.

Estos dos hombres escribieron páginas memorables en Barrancabermeja y el país.

Leonardo, nació en Bogotá el 19 de octubre de 1947 y fue asesinado el 30 de agosto de 1986. Su padre Julio Cesar Posada fue dirigente del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista Colombiano, su madre Reina Pedraza, también militante comunista.

El compañero Julio Posada, padre de Leonardo, estuvo en Barrancabermeja a finales de la década del 40 del siglo pasado, realizando trabajo político organizativo a nombre del partido comunista colombiano. Por eso Leonardo siempre nos decía que él había sido concebido en Barrancabermeja y nacido en Bogotá.

Egresado de la Universidad Nacional, donde fue un destacado dirigente estudiantil; en el 13 congreso del Partido Comunista Colombiano realizado en 1980 fue elegido miembro del comité central.

Al inicio de la década de los 80 del siglo pasado llegó a Barrancabermeja y se convirtió en un gran dirigente popular, fue fundador de la Coordinadora Popular de Barrancabermeja que lideró grandes movilizaciones por los servicios públicos y el derecho a la vida en la ciudad.

Recuerdo que un 12 de abril de 1983, tipo 6: 30 pm, acompañé a Leonardo con el compañero Julio Alfonso Poveda, quien había llegado de la ciudad de Bogotá, al parque Santander donde el FILA realizaba una asamblea liberal para asumir una posición frente el paro cívico que se realizaría al día siguiente. Esta jornada cívica buscaba exigir mejorar la calidad del servicio de agua potable en el puerto petrolero. Esta reunión se realizaba en la calle. Nos ubicamos en la parada del bus a escuchar las diversas intervenciones. Cuando habló Horacio Serpa Uribe, Leonardo dijo: “No hay nada que hacer, mañana realizaremos el paro cívico”. La posición de Serpa fue de reto a los organizadores del paro cívico a ver si eran capaces de mover a la gente. Al otro día 20.000 personas se movilizaban por las calles de Barrancabermeja.

Fue la época en que se desarrollaron grandes movilizaciones del campesinado del Magdalena Medio. Barrancabermeja como ciudad región era el epicentro de dichas movilizaciones. Leonardo jugó un papel preponderante en la organización y solidaridad con los campesinos que exigían mejores condiciones para laborar la tierra y el derecho a la vida.
Leonardo era un convencido de la solución política negociada al conflicto interno armado, por eso participó activamente en el proceso de diálogo que impulsó el presidente Belisario Betancur, donde surgió la Unión Patriótica.
Por su espíritu amplio, desprevenido, afable y con un don de gente a toda prueba, “el viejo man” como cariñosamente le llamaba a sus amigos, se ganó el aprecio y apoyo de los pobladores de Barrancabermeja y la región. En representación de la Unión Patriótica fue elegido en dos periodos concejal de Barrancabermeja y también representante a la cámara por el departamento de Santander.

En un negocio de Barrancabermeja conocido como “El rincón de los abuelos”, la noche anterior de su asesinato estuvo compartiendo con varios de sus amigos de lucha. Como una premonición solicitó el tema musical “La vida no vale nada”.

Ese 30 de agosto de 1986 en horas de la tarde, Leonardo participó en la asamblea de la Unión Patriótica de Barrancabermeja que se realizó en la sede ubicada en la carrera 21 entre calle 49 y 50. Después de la asamblea salió acompañado por varias personas entre ellas Sady Rangel y Rosa Pinzón. Al llegar a la esquina de la calle 50 con carrera 20, ya la tarde entraba en su decadencia y la noche se insinuaba, surgía el crepúsculo y Leonardo avanzaba con su sencillez que lo caracterizaba, utilizando la palabra como su única arma y rodeado por varias mujeres. Estaban desprevenidos frente al mal que les acechaba; llegaron dos pistoleros del terrorismo de Estado y sobre seguros vaciaron sus armas. Tuvieron tiempo los sicarios de irse y regresar para cumplir su obra macabra.

Leonardo fue trasladado a la clínica Magdalena, donde luchó por cerca de 4 horas por su vida. El médico Carlos Martínez quien lo intervino y ante la gravedad de las heridas dijo “no hay nada que hacer, la ciencia se quedó corta”. Leonardo antes de morir manifestó: “Salúdenme a mi madre Reina” e inmediatamente falleció.

Con el asesinato de Leonardo, comenzó el exterminio a sangre y fuego de la Unión Patriótica ejecutado por el terrorismo de Estado colombiano.

Ricardo Lara Parada nació en Barrancabermeja el 12 de octubre de 1939 y fue asesinado el 14 de noviembre de 1985, su padre Víctor Sócrates Lara empleado de la Tropical Oíl Company y su madre doña Ulda Parada Arias modista de profesión.

Ricardo comenzó a estudiar en la Universidad Industrial de Santander UIS. Estaba en todo su apogeo la revolución Cubana, fue becado para estudiar medicina en Cuba, llevaba en su pensamiento la semilla de la revolución. Abandonó el proyecto de estudiar medicina y se enroló en otro proyecto más ambicioso y con los hermanos Vásquez Castaño el 4 de julio de 1964 fundaron el Ejercito de Liberación Nacional ELN.

Esta organización guerrillera inició sus actividades en el departamento de Santander con la toma de Simacota, realizada el 7 de enero de 1965. Poco a poco se fue expandiendo a otras regiones del país.

Entre el 7 de agosto y el 18 de octubre de 1973, la Quinta Brigada del ejército realizó la famosa operación Anorí. En esa operación fue diezmado el Ejercito Liberación Nacional ELN, muertos varios de sus comandantes y detenidos otros tantos, entre ellos Ricardo Lara Parada. Fue llevado a la cárcel Picota de Bogotá y en el año 1978 recobró su libertad.

Después de estar un tiempo en Nicaragua y Panamá, regresó a Colombia y fue amnistiado por el gobierno del presidente Belisario Betancur.

Regresó a Barrancabermeja en el año 1983, ubicó su residencia en la casa de doña Ulda, en la calle 14 entre carrera 17 y 18 del barrio Torcoroma. En su mente rondaba la idea de crear un movimiento político amplio, es decir, pasar de la batalla de los fusiles a la batalla de las ideas.

Se reunió con el combo de la 17, y con otros amigos entre ellos Jimmy Corena, Jairo Vargas, Santiago Martínez. Decidieron fundar el Frente Amplio del Magdalena Medio FAM. Este movimiento político tuvo gran aceptación en la ciudad y en las elecciones de 1984 eligió dos concejales entre ellos a Ricardo Lara Parada.

Ricardo y Leonardo se encontraron en el concejo de Barrancabermeja, con doña Neyla Bornachera del Nuevo Liberalismo, Aníbal Salazar del Partido Conservador y Abelardo Rueda de una fracción liberal. Conformaron la alianza por Barrancabermeja en oposición al FILA que era el grupo mayoritario. Lograron en un acuerdo político con Serpa para que Ricardo fuera postulado para la primera vicepresidencia del concejo. Pero el día de la elección el concejal Abelardo Rueda se volteó y le usurpó a Ricardo la vicepresidencia del concejo. Justificó semejante posición diciendo “es que las dignidades no se desprecian”.

De todas maneras esta alianza política de las minorías en el concejo, desarrolló grandes debates de control político, encabezados por Leonardo y Ricardo.

Estos dos personajes, llenos de convicciones políticas y filosóficas de transformar las costumbres políticas en el manejo de la cosa pública y política, participaron en las grandes movilizaciones ciudadanas, utilizando su inteligencia y la palabra. Los dos participaron activamente en el proceso de paz del presidente Belisario Betancur, convencidos de utilizar el diálogo como instrumento para resolver las diferencias.

La dimensión humana de Leonardo y Ricardo los ubicaba como unos adelantados a los acontecimientos futuros. Sin ninguna duda eran unos convencidos de la salida política al conflicto armado con la insurgencia. En el poco tiempo que estuvieron juntos cultivaron una gran amistad, donde surgieron grandes propuestas.

Estoy seguro que si Ricardo y Leonardo estuvieran con vida, estarían en primera línea defendiendo el proceso de paz con las FARC-EP y apostándole al Sí en el plebiscito; además, sirviendo de facilitadores entre el Gobierno Nacional y el Ejército de Liberación Nacional ELN para que se inicien las conversaciones y buscarle una salida política a la confrontación armada.
Solo los grandes hombres después de su muerte se vuelven inmortales, Leonardo y Ricardo, sus ideas perduran y viven en la memoria de quienes aspiramos a transformar las desigualdades sociales que vive Colombia.

¡Gloria eterna a la memoria de estos dos grandes líderes!